El individuo ha muerto, según Juan Rulfo

 

Tras ingresar al séptimo semestre de la carrera en Literatura Hispanoamericana, volví a ver en el programa a Juan Rulfo con Pedro Páramo, a pesar de haberlo leído en tercer semestre. No hubo caras de desagrado entre mis compañeros, es un libro que todos queremos volver a revisar, siendo estudiantes, egresados o simples aficionados a la lectura.

Sin duda, Pedro Páramo es una obra que necesita leerse y releerse siempre una vez más. En ella encontraremos, en cada una de estas lecturas, algún punto de interés que pudimos haber dejado de lado. Puede leerse desde distintos ángulos y todos nos sorprenderán de la misma forma.

Pedro Páramo es una novela sobre la muerte, al menos eso es lo que siempre nos han dicho, sin embargo, también puede ser una novela sobre las pasiones humanas descritas por los personajes que la habitan. También, a mi parecer, cuestiona la política del México que a Rulfo le tocó vivir, las reglas que la propia gente pone sin depender del gobierno que maneje al lugar en cuestión. Los cambios de posturas idealistas de los personajes son una muestra de los líderes políticos de aquellas y las actuales gestiones.

En otro sentido, la obra cuestiona fuertemente otro aspecto cultural de México, la religión. La dota de un poder económico y social con el que se puede tener en “orden”, sí, entrecomillado, al pueblo. La violencia, la pasión, el interés económico y político, son reflejadas en esta obra que está llena de muertos, pero, a su vez, de voces que vaya que están vivas, haciendo eco en todos los rincones, murmurando, a penas. Voces de gente que no ha podido descansar en paz, que anda vagando en búsqueda de saldar sus cuentas pendientes.

No es una novela contestataria, eso nos queda claro, sin embargo, critica fuertemente a las autoridades, es decir, la familia, el sistema de gobierno, la Iglesia, pero lo hace de una manera tan sutil que podemos pasarlo de largo.

Sin duda, en la obra de Rulfo podemos encontrar un poquito (o quizá más) de lo que se vive en México, un país dominado por gobiernos que no velan por los intereses del pueblo, muertos que nadie reclama, religiones que lucran con la fe de la gente y ecos de voces que se cuelan por las paredes de la gente que no puede descansar en paz, ni siquiera cuando muere.

En la novela no hay esperanza, Juan Preciado nunca podrá saldar sus cuentas con Pedro Páramo, porque este está muerto. Juan también lo está, al llegar a Comala es simplemente un recuerdo. Entonces, ¿para qué ir a Comala? ¿Quién ha enterrado a todos los muertos? Todo es una metáfora de la muerte, pero no solo la de los personajes, sino la del individuo. El individuo ha perdido identidad y la buscará por siempre, se preguntará dónde está y por qué no puede encontrarla.

Algo parecido a lo que Sartre se pregunta, ¿para qué se escribe? Rulfo recupera un discurso melancólico, con una orfandad tal que no es de importancia la anécdota en la novela, es la búsqueda incesante del pasado, del recuerdo. Si el pasado no existe, mucho menos el presente, por ende, el individuo ha muerto en esta visión existencialista rulfiana.

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