¿Por qué todos somos Bojack Horseman?

La primera vez que vi Bojack Horseman me pareció aburrida, estereotipada y un sitcom más del montón. Juzgué al decir que todo su éxito se debía a que era animada. Con el paso de los episodios y temporadas me di cuenta que había más que una simple serie. En ella radica un carácter nostálgico con el que muchas personas empatizan: los noventa. La década de los tamagotchi, los sitcoms familiares y la decadencia del pop marcó a toda una generación que hoy en día no se ubica dentro de un mundo que ha cambiado radicalmente. Bojack, como muchos, extraña los noventa. ¿Por qué? Por la terrible fantasía de que en esa época todo era posible: existía estabilidad en muchos sentidos. Quizá no tuvimos tanta estabilidad como en Estados Unidos, pero en este país estamos acostumbrados a reflejarnos en los suburbios norteamericanos en vez de las casas o privadas. Los mexicanos nos ubicamos más en un imaginario totalmente gringo, y eso se debe en gran medida a que crecimos rodeados de programas importados, y nos fuimos alejando poco a poco de las telenovelas que caracterizaron a nuestro país. Como una vez me dijo la mamá de una amiga “hoy ya se hacen series, no telenovelas”.

Bojack ve el pasado con tristeza y aprende de su presente de vez en cuando, pero por dentro sabe que la vida es más miserable de lo que parece. Él es un ideal del personaje que muchos añoraban: una superestrella. ¿Eso es fácil? No. La vida de Bojack no es sencilla, porque luego del éxito llegó un fracaso que lo embargó para siempre. Pensemos en una serie que se disfrutó en esa década: The nanny. ¿Qué fue de su protagonista, Fran Drescher? Desapareció parcialmente del medio sin obtener de nuevo la relevancia que tuvo. Entonces se retrata con cuidado la vida de un actor cuando su carrera va en declive, y cómo éste termina encasillado en ser sólo un personaje. También muestra un pasado que parece perfecto a comparación del presente, algo similar a como muchos vemos a los noventa –en un universo particular en el cual los Tazos tenían diseños originales, los capítulos de Los Simpson gozaban de ingenio y la tecnología no nos invadía.

Pero la pregunta aquí es: ¿por qué todos somos Bojack Horseman? Porque la nostalgia implantada que se nos ha vendido transformó a una generación que quiere vivir en los ochenta, pero lo más cercano que tiene es la década posterior. El regreso de los años noventa a la moda actual tiene que hacernos reflexionar sobre a dónde vamos como personas. La serie muestra con sarcasmo y chistes negros el pavor al presente y lo que vendrá, el temor de la gente que creerá que el pasado es mejor; además, el programa representa el miedo,  la ira y el fracaso que todos podemos entender, que hemos sufrido y viviremos eternamente porque una pequeña voz en nuestra cabeza no nos deja descansar y nos recuerda que la vida nunca será igual y siempre seremos tristes en el interior. Esa voz que repite, al final de cada capítulo, que cualquiera puede ser Bojack Horseman.

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