¿El español gusta de los hombres?

Uno de los tópicos más polémicos en la actualidad es la constante lucha de géneros. De forma abstracta, podemos ver un progreso incesante en esta batalla  de equiparación; sin embargo, hay un ápice que aún no se ha podido solucionar de forma total: el lenguaje incluyente.

     Este problemático tema ha dejado divisar las diferentes y muy variadas perspectivas sociales que tratan de justificar ya sea a favor o en contra de dicho tema, asimismo permite analizar de una forma más minuciosa nuestra lengua y sus innegables tendencias sexistas y/o machistas (esto debido a sus hablantes).

     En primera instancia debemos diferenciar dos cosas: el lenguaje sexista y la connotación cosificadora que practicamos todos los días en palabras tan sencillas como “puta” y “puto”. Cuando tengamos clara la diferencia entre lo que es la lengua gramaticalizada –donde hallamos aspectos excluyentes como la aplicación del “masculino genérico” (el uso del masculino como representante de ambos sexos en  palabras, con la finalidad de generalizar)– y el uso de palabras comunes –que tienen un significado en los diccionarios, pero nosotros como sociedad les cambiamos, por así decirlo, ese significado en nuestro uso cotidiano– podremos así desmenuzar las ideas que nos proponen para incentivar la equidad de género.

     Se dice que la lengua es un reflejo de la sociedad, pues muchos aspectos (tanto sociales como históricos) se puede advertir a través de ésta. No pretendo escribir desde una postura incuestionable u obligarlos a que sigan ciertas tendencias o cambios que se proponen, mas sí espero que mediante estas líneas tanto tú como yo, podamos construir un criterio que deje de lado los prejuicios acerca del feminismo, la tendenciosidad social y las creencias dogmáticas.

     Si bien, muchísimas personas apoyan el feminismo, existen también muchas personas que lo apoyan “a medias” o no lo apoyan de manera rotunda. Ya se ha dicho demasiado acerca del tema. Todos estamos familiarizados con las problemáticas coetáneas y seguramente ya tenemos una postura al respecto, empero, ¿cuál es la relación entre el lenguaje incluyente y esta tan aludida lucha de géneros?

  El lenguaje incluyente pretende evadir, claramente, al lenguaje excluyente que reproducimos inconscientemente todos los días. Este lenguaje excluyente y cosificador (que con regularidad afecta a las mujeres) podemos hallarlo en boca de hombres, de mujeres, de niños. Se argumenta el hecho de que se manifiesta tanto en la generalización de un grupo de personas de diferentes sexos, como en palabras como “zorra” y en frases de este tipo: “Lloras como niña”. A pesar de que estos patrones continúan existiendo, las personas evitan con más frecuencia decir aquellas frases que generan y mantienen con vida al famoso machismo. Muchas de esas personas han dejado de utilizar oraciones como la ya escrita, no obstante, hay algunas que se rehúsan a evitar el masculino genérico.

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       Las actitudes ante el masculino genérico son unas de las vallas que no dejan que la lucha de género llegue a la meta. Muchos argumentan, desde un modo prescriptivista, que el lenguaje no puede cambiar ante manifestaciones como “todxs”. Otros, creen que mencionar “todos y todas” es un poco tedioso y muchos más ni siquiera se dan a la tarea de reflexionar acerca del tema.

    Si lo consideramos, existe algo que justificaría con facilidad dichas manifestaciones lingüísticas: el descriptivismo. Éste, encargado de aludir cómo se presenta el lenguaje, apoya la idea de que la lengua cambia, además sabe que es utópico pensar que puede quedar de una manera fija por siempre. No obstante, es claro que “todxs”, debido a la ausencia de una vocal, parece impronunciable; muchos articulan esa “x” como una “e”. También, por su parte, el hecho de modificar ciertas palabras de nuestra lengua de manera premeditada alteraría esa naturalidad que caracteriza a los cambios lingüísticos.

     Una de las soluciones más factibles para poder acabar con este vaivén de dilemas sin resolución aparente sería una que la CNDH presentó en una pequeña imagen hace unos días: el uso de palabras que agrupen a todo tipo de personas, como sería el decir “las personas” y “la humanidad”. Los individuos y las instituciones, cada vez aspiran a que nuestra estancia en el mundo sea lo más “pacífica, equitativa y agradable”.

Así, ¿cuál es tu postura ante el lenguaje incluyente?

lenguaje incluyente.

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