Cuauhtémoc Blanco, “el divo de Tepito”

Hace 8 años, recordarán los que siguen asiduamente el fútbol, la Selección Mexicana de Fútbol, el TRI, se encontraba en una situación problemática. El boleto que daba el boleto al Mundial de Sudáfrica 2010 estaba en peligro de no ganarse, ya que nos tenían los puntos para ganarse. Un equipo destruido, con un técnico, Sven-Göran Eriksson, que sabía del fútbol mexicano lo que yo de la partícula de Higgs, con un nivel de juego digno de cualquier equipo de la deportiva 18 y con peleas internas. La situación estaba en punto limite Se hubiera perdido muchísimo dinero si México no iba al Mundial. ¿Cómo recuperar una causa casi perdida? La respuesta fue llevar de nuevo al último ídolo azteca: Cuauhtémoc Blanco, el divo de Tepito (parece que para los que lo identifican así, no existieron otras culturas).

Mientras más difícil se la causa, mientras esté más perdida, mayor será la admiración que provoque el hecho de enfrentarla y ya no se diga de recuperarla. Se trajo de nuevo a un futbolista de 36 años (lo que muestra lo mal que se trabaja en fuerzas básicas, y que presenta una analogía con nuestros maestros universitarios, nuestras vacas sagradas, pero eso es cosa de otro costal). Se recuperó a un hombre que creció en el barrio más peligroso de la Ciudad de México: Tepito; se recuperó a un tipo que nunca se rajaba a los padrazos, un tipo extrovertido, mujeriego, feo, grosero y barrio.

PKW00617051. Avanza el Tri

Todo lo dicho se resume en pocas palabras: se recuperó a un ídolo. Un ídolo con el que el grueso del pueblo mexicano popular y también del culto se identifica. El Cuau tuvo que trabajar desde los cinco años, como la mayor del pueblo mexicano, es un tipo lleno de defectos, carencias y virtudes que comparte con el pueblo al que representa futbolisticamente. Siempre tratamos de que nuestros ídolos se parezcan a nosotros, esto abre la puerta de la posibilidad: la de llegar a ser, a hacer, a ganar y luchar, a enfrentar causas perdidas como ellos lo hacen. Asirnos a algo tan simple como un balón de fútbol que, si lo sabemos tratar, nos llevará a cumplir nuestros sueños, a darnos una movilidad económica, mas no cultural y lingüística, pues, como dice el dicho, “tú puedes salir del barrio, pero el barrio jamas saldrá de ti”, cosa que confirma el Temo.

Cuauhtémoc Blanco es el símbolo de la épica mexicana (el nombre, curiosidad del destino, sólo aumenta su carácter épico): logró salir de la pobreza, pudo dejar México para jugar en España, consiguió pasar de vender paca en Tepito a ser alcalde de Cuernavaca (gracias a su popularidad futbolista), pasar de anotar goles en campos de tierra pelada y llaneros a anotarlos en Mundiales, Copas Confederaciones, Liguillas y hasta en el Santiago Bernabéu, estadio del club más importante y ganador de la historia, el Real Madrid.

Logró el sueño épico y utópico de muchos niños mexicanos: unir de abajo para llegar a la cima.

 

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