Sobre naves espaciales o la misión de atraer al joven

La literatura como herramienta de enseñanza ha sido uno de los principales proyectos europeos. Pareciera que descubrieron la fórmula mágica para que la comunidad más joven encuentre en las letras un arma liberadora y no sosa ni obligatoria. ¿Qué estamos haciendo mal en nuestro país? ¿Por qué si ya tenemos el conocimiento y las técnicas no logramos que la expresión narrativa  llegue eficazmente? Las causas son muchas y las respuestas parecen pocas, pero qué tal si se propone alguna estrategia fuera de la norma que ayude a los promotores de la lectura, e incluso a la escuela misma, a fomentar los beneficios y ventajas de la literatura: la ciencia ficción.

    Vale la pena problematizar la incongruente idea de “una buena literatura”. Claro es que para quienes ahondan en el estudio serio de las letras se conciban algunas bases que permiten establecer parámetros para decidir qué leer o qué no. Sin embargo, en ese afán de encontrar la obra con más profundidad (error tan común en la alta esfera cultural) se termina por alejar de lo que tanto llamó la infantil atención al toparse con el primer libro: el entretenimiento.

     Utilizar aquella palabra para referirse al Quijote o a Cien años de Soledad sonaría aberrante y provocador en algún congreso de Letras Hispánicas. Pareciera  que el placer de pasar los dedos por una página sólo está destinado para aquellos que encuentran algún mensaje oculto en el texto. La ciencia ficción parece cargar con ese estigma:  es literatura escapatoria, sólo aparecen naves espaciales y explosiones. No obstante, a veces la literatura sólo busca entretener, a veces la literatura no cuenta con un mensaje oculto. Y no, por supuesto que la ciencia ficción es sólo eso, pero por el momento y para entender cómo este género puede incrementar el tiempo de lectura en los menos adeptos a la literatura basta considerarla así.

      La literatura de ciencia ficción, hay que admitirlo, no cuenta con un gran posicionamiento en la crítica literaria, a menos que uno sea Huxley o George Orwell. El imaginario colectivo de la ciencia ficción no es sino el resultado de la falta de estudios o interés por el tema. Parafraseando a Eco, si el texto no es complicado, pretencioso o rebuscado no vale la pena estudiarlo. Así que podrán imaginarse el caos para los eruditos en este este artículo cuando se afirma que no hay mejor manera de acercar al joven a la literatura que con textos, valga la redundancia, sobre naves espaciales y explosiones.

      Si usted aún no  ha leído alguna novela o cuento del género —pensándola como género literario y no un subgénero de la fantasía como erróneamente mencionan algunos críticos—, aquí no encontrará nada referente a ella, por lo menos no en cuestión de referente históricos o sociales. Lo que sí podrá encontrar son los mecanismos que nos presenta el texto mismo para ser utilizado como herramienta de aprendizaje.

Puede sonar inverosímil que una nave viaje a la velocidad de la luz o que los extraterrestres existan. En un primer vistazo nos parece extraño o confuso. Aunque si uno presta atención terminará por descubrir que es un recurso más del autor.  Sería iluso decirle a este tipo  lector que mejor lea otra cosa, porque finalmente lo que busca es responder a sus propias dudas. La respuesta es hacer del entretenimiento un ejercicio reflexivo; entrar en el juego del joven para afirmar que quien lee también puede llegar a Marte o ser un androide.

      Por último, la didáctica bien podría incentivar a sus alumnos a leer  no de manera obligatoria, que en más de un caso ha demostrado cómo aleja a los potenciales lectores. La ventaja de la ciencia ficción es estar planteada en mundos imposibles que parecen ser el nuestro. Al adolescente no le interesa saber de la caza de ballenas o de un caballero errante, el adolescente está deseoso de visitar las estrellas, descubrir planetas y caer en agujeros de gusano.

     Sí, hay mucho trabajo por  hacer. No obstante, vale la pena replantear cómo se piensa la literatura y, más que nunca, cómo enseñarla desde estrategias que aunque a algunos les parezcan irrisorias, pueden resultar efectivas. También es cierto que la ciencia ficción merece un estudio más profundo y serio, que no todo se trata de viajar en el tiempo o de conocer alienígenas; sin embargo para que el joven lector llegue a esas reflexiones tan esperadas no está del todo mal atraerlo bajo la premisa que en ese libro todo se trata de robots  y nada más.

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