El fútbol es para ignorantes

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Desde que se anunció que el último partido eliminatorio de la Selección Mexicana de Fútbol como local, sería en el Estadio Alfonso Lastras Ramírez, casa del equipo de la Segunda División “Atlético San Luis”, muchas fueron las opiniones que logré ver en las redes sociales. Desde los hinchas que lo vitorearon porque en San Luis nunca pasa nada, hasta los intelectuales que criticaron y sugirieron que mejor la gente, en lugar de ir a ver a 11 maletas tras un balón, compraran un libro o se pusieran a estudiar, o gastar su dinero en algo más importante.

¿Por qué tanto odio hacia el deporte más popular del mundo? Quizá ahí mismo está la respuesta. Lo popular, lo que está al alcance de todos, suele verse por encima del hombro. Y no, no solo Borges (el único argentino al que no le gusta el fútbol) lo ha dicho, a muchos aficionados se nos ha juzgado de retrógradas por gustar del balompié. “Los mexicanos conocen más de fútbol que de sus derechos”, es cierto, pero, ¿solo a los que les gusta? ¿Por qué sentirse más por no aplaudir este deporte?

Muchos son los escritores, en cambio, que han incluido el fútbol en sus narrativas, en su estilo de vida o que incluso lo han practicado. El ícono más representativo, al menos en México, es Juan Villoro. Una de los máximos representantes de la literatura actual opinando sobre fútbol, semana a semana, escribiendo notas, resúmenes o hasta libros con tan peculiar tema. Eduardo Galeano lo ha hecho, Roberto Bolaño nos trajo la historia de Buba, el lateral izquierdo que aparece en Putas asesinas.

Vayamos más allá, El gabo, Camus, que en su infancia fueron porteros, Navokob y una lista que sigue creciendo, nos demuestran que no necesariamente está peleado el arte con el deporte, aunque sea el deporte de masas más socorrido. Nunca será apreciada de la misma manera una escultura barroca que un gol al minuto 93+ en cancha ajena, la última te hará llorar, reír, gritar y brincar; ahí está la diferencia.

Sí, entendemos a lo que se refieren, el fanatismo es lo malo del fútbol, pero uno no puede hacer nada. Es algo innato, se es aficionado por elección, en algunos casos, en los más, por herencia. El individuo debe ser libre de elegir el divertimento que más le apetezca: deportivo, cultural, artístico, etcétera. No culpen al futbolista, al aficionado o a los dueños deportivos. En ocasiones, una vez a la semana, se necesita gritar catárticamente para sacar tu coraje, tu estrés, tu angustia, tu miedo. El futbol no es de ignorantes, es de personas sensibles, que igual pueden llorar o reír sin pena frente a 100 mil personas por una playera bicolor.mex

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