Cómo nacen los vagabundos

Ricardo, ya sé cómo nacen los vagabundos. Son expulsados desde una gran carnosidad, llenos de sebo y placenta; nacen siendo bebés que luego se metamorfosean en púberes con problemas de ego para que años más tarde, idealmente, tengan que convertirse en personas.  Cuando ya tienen la suficiente consciencia del mundo que no dominan, recorren la calle como cualquier individuo, hablan por teléfono a través del cable manos libres; se les mira como personas serenas que cruzan la avenida, platican con el amor de su vida acerca de su cotidianeidad plagada de confort. No hay rasgos de preocupación por su vida monótona. Son personas de oficina con el periódico bajo el brazo.

De repente, desde el fondo del magma, el dedo señalador toca el hombro de uno. Éste se distrae al voltear para saber quién le ha perturbado el ritual, entonces un auto golpea su costado derecho. Han querido atropellar al enajenado cuando el semáforo estaba en rojo. Ha sido incongruencia del conductor. El enajenado le mienta la madre. El conductor se la regresa. El irrazonable se la dobletea. El conductor saca una pistola. El miedoso se echa a correr por callejones y pasajes desconocidos. El conductor corre todo lo que puede para alcanzarlo. El desorientado pierde la pista del conductor, se pierde por calles que no conoce. Entra en pánico.

Entra en pánico y recuerda que estaba hablando con el amor de su vida. Se da cuenta que se le ha caído el celular, sólo le quedó el cable manos libres. Se da cuenta y quiere regresar al camino para buscar su aparato y llamar a su familia, a su amor, pero no puede porque se ha llenado de tantos adjetivos que le provocan dificultad al respirar. No puede porque ya no es una persona cabal; ha sido agredido durante un par de cuadras por un conductor que lo perseguía, por la violencia del automóvil que casi lo atropella. Él ya no es un futuro vagabundo. Él ya es un vagabundo. Con la mirada baja va buscando su integridad. Lo único que hace es retozar con los perros. De tanto caminar se le van haciendo ampollas en los pies, el sol ha dejado manchas alrededor de los ojos y de su cabello nacen costras que se tejen con las garrapatas de los animales. Él seguirá buscando a su familia, su casa, al amor de su vida. Así nacen los vagabundos.

Por Ángeles Arenas

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