El viudo Román

Cuando estaba en la secundaria, encontré un libro en la biblioteca de la escuela que se llamaba Antología del cuento mexicano del siglo XX, estoy muy segura porque en más de una ocasión intenté robarlo, pero algo dentro de mí de corte moralino y culpable me lo impidió. Me gustó sobre todo, porque encontré muchos cuentos que a mi yo adolescente le encantaron, “Entre tus dedos helados” de Francisco Tario, “Sombra entre sombras” de Inés Arredondo, “Baby HP” de Juan José Arreola y “Los convidados de Agosto” de Rosario Castellanos. Garabatee el nombre de Rosario Castellanos en varias hojas de mi libreta, porque quería googlearla en cuanto llegara a mi casa.

En la prueba ENLACE del año 2010 venía un fragmento de Balún Canán, de la misma autora, estoy segura, yo ya lo sabía, yo ya conocía ese fragmento, porque ya había leído la novela. Mucho tiempo Rosario Castellanos me obsesionó (como narradora, nunca he sido hábil para leer poesía). No recuerdo cómo, pero de pronto llegó a mis manos una antología de cuentos de la autora que contenía al final una novela corta llamada “El viudo Román”.

Tenía quince o dieciséis años y con ese relato algo por dentro se me rompió. Recordé los abusos de los cuáles muchas mujeres en mi familia habían sido víctimas, vino a mí la imagen de la humillación de la sábana manchada de sangre que siempre me pareció repulsiva. En el pueblo de la abuela las recién casadas caminaban con su sábana manchada de sangre, me dijo un día mi mamá, ¿tú también lo hiciste?, pregunté, ella sonrió. Nunca tuvo que ir con una sábana por las calles de la ciudad, pero mis bisabuelas sí.

No soy buena para ver películas, menos para ir al cine. No recuerdo cómo, pero un día hace un par de meses, en vacaciones de verano seguramente, llegué a una película de forma incidental. Curiosamente era la adaptación de esa pequeña novela de Castellanos y se llamaba El secreto de Romelia, estrenad en 1988 y dirigida por Busi Cortés, una cineasta a la cuál se le reconoce por ser la primera mujer mexicana en tener una ópera prima por parte del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), que justamente es esta cinta.

La discusión sobre la factibilidad de adaptar los textos literarios al cine es amplia y variada, los puntos de vista se vuelcan en los extremos de ambas posturas, sin embargo en esta discusión, muchas veces olvidamos que una vez que se toma una obra literaria y se adapta a la pantalla grande, estamos ante una obra de arte distinta, no es la misma y no tiene porque serlo, ya que la obra cinematográfica y la obra literaria tienen una recepción distinta, la primera atiende a lo visual y a la forma en que esto se construye, mientras que la segunda a la palabra escrita y a la disposición de la misma.

Aunque este artículo no se encamina a ahondar en el tema, me pareció importante resaltarlo, para lo que a continuación expondré. La película de Busi Cortés es una adaptación fabulosa de la novela, sobre todo porque toma mucha libertad del texto original, en donde Rosario Castellanos aborda con tibieza un tema que a comparación de otros textos narrativos como “Vals Capricho” o “Las amistades efímeras”, en donde las mujeres afrontan las normas sociales  y las conductas de convivencia bajo las cuáles viven, con tenacidad, astucia y hasta violencia, en el “Viudo Román” parece no ir más allá de la exposición y la denuncia sutil.

Así, en la película, la directora y guionista, juega con los personajes existentes de la novela, crea más y desarrolla un plano fundamental para la reflexión de la evolución de la vida de las mujeres a través de tres generaciones: Romelia, la mujer humillada en el texto de Castellanos por el viudo Román, su hija, que en la novela nunca aparece, y las nietas de Romelia, que vuelven al pueblo del cuál Romelia sale huyendo en la película, una vez que el viudo fallece y descubren que tienen una herencia que cobrar.

Romelia, que en la película aparece vieja y melancólica, además de misteriosa y reservada con su antigua vida en el pueblo, representa lo que Castellanos le quedó a deber a su personaje: una historia que contar. Mientras que la hija de Romelia y sus respectivas nietas, constituyen el desarrollo de la visión que cada generación le otorga a la historia de la humillación, opresión y sobre todo el silencio, que mujeres como ella tuvieron que vivir y padecer por toda una vida.

La película, poco conocida además, es una excelente adaptación de la narrativa de Rosario Castellanos, que no sólo se nutre de esta novela breve, sino de todos los cuentos en donde perfiló y terminó por definir la visión que tenía sobre las costumbres y normas bajo las cuáles vivían las mujeres en ciudades, pueblos y rancherías al interior de la república. Si no la conoces, puedes verla aquí y leer el texto acá.

Yo nunca tendré que ir por la calle con una sábana manchada de sangre, seguramente ninguna que este leyendo esto tendrá que hacerlo, pero es porque vivimos con privilegios que una niña en una comunidad rural, hasta a menos de una hora de distancia de las grandes o pequeñas ciudades en las que vivimos, no tiene. No lo olviden, a más de cuarenta años de distancia de lo que Castellanos escribió y a más de veinte de lo que Cortés filmó, aún hay niñas, que si bien no tendrán que cargar con una sábana, aún están bajo el influjo de prácticas sociales igual de nocivas.

 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. eduardosans dice:

    Pasado de lanza la costumbre de las sábanas D: , son de celebrarse los avances en materia de derechos y autonomías de género. Gracias por compartir.

    1. Vanitzel dice:

      De celebrarse y de seguir luchando por algunas que aún, en pleno siglo XXI no alcanzamos, abrazo (:

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