Día de muertos

Cuando era niña escuché muchas cosas sobre el día de muertos, otras las viví, algunas pocas nada más pude guardarlas en mi memoria a través de los recuerdos de mi abuelo y mi mamá. Nunca me tocó ver las ofrendas que se ponían afuera de las casas, pero sí fui a ver la ofrenda gigante que don Ángel de la panadería Ara ponía año con año hasta que falleció, el mismo año que yo me fui a vivir a Puebla. Sí me tocó el mercado de artesanías gigante que se ponía en el terreno baldío a media cuadra de mi casa, que después sería un Soriana, pero nunca vi las ofrendas que todas las iglesias de la ciudad ponían en sus atrios, es porque algún pentonto – como le decía mi abuelo a los pendejos frente a mí – dijo que poner ofrendas en las iglesias era rendirle culto a los dioses de los aztecas.

En la tradición que yo conocí, cada día a partir del 29 de octubre era para algún grupo en específico de finados, pero yo, por más que lo intentara, siempre enredaba las fechas, nunca sabía con certeza si empezábamos con los accidentados, con los niños del limbo o con los que se habían suicidado. A los abuelos les encanta repertir las historias, al menos al mío nunca le molestó explicarme con infinita paciencia si el primer día era para unos u otros. Mira madre, hoy viene tu tío Alejandro, porque se murió en un accidente en carretera, entonces se quedaba callando, como lamentando no tener fotos de todos sus hermanos difuntos.

Luego de muchos años de repeticiones en apariencia infructuosas, la primera vez que pasé un día de muertos fuera de mi casa recordé con precisión los días que le tocaban a cada grupo, se lo dije por teléfono a mi abuelo, hoy viene el tío Alejandro, y hoy la tía chica y hoy la tía Ana María, porque se murió sin bautizar porque en la guerra cristera todas las iglesias estaban cerradas. Es muy extraño que a distancia uno recuerda con mayor claridad.

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El 29 de octubre vienen los accidentados y todos aquellos que mueren de forma violenta. Todos tenemos a alguien, en México reina la muerte, dice Gerardo Arana, yo siento que somos fosas, abiertas, parece que diario es veintinueve de octubre. Este día es el más concurrido en los altares. Anotación de mi tía abuela Sara, 1975 o quizás 1968, ella no entendía de política, decía, soy ciega, pero los ciegos sabemos más de lo que entendemos. Yo anotaría en una libreta, aún es el más concurrido.

30 de octubre: día de los niños del limbo. Le costó trabajo a mamá explicarme que no se trataba de niños que bailaran moviendo los hombros abajo de un palo, pero era muy fácil de decir, es el día de los niños que se mueren sin bautizo, niños que nunca nacieron, niños abortados. En México la única entidad federativa en la que el aborto es legal es la cedemequis, hasta la semana doce. No hay día para las madres que mueren en el aborto, pienso ahora, se lo digo a mi mamá y ambas pensamos que es muy triste. 30 de octubre de dosmildiecisiete: día de los niños del limbo y las madres asesinadas por las políticas retrógradas de un país feminicida.

El 31 de octubre es el día de los niños, bautizados, claro. Los niños grandes, los que comprendían qué era la muerte. Yo ponía mis peluches en la ofrenda, pensando que las hermanas de mi abuelo vendrían, ¿cuántos años tendrían? Todos los años hacía la cuenta y me preguntaba por qué una niña de 79, 80 u 83 años querría jugar con mis peluches del año dos mil tres o dos mil seis. Oye mamá ¿qué pasa si un niño muere de forma violenta? ¿viene el veintinueve o el treinta y uno? Ni mi abuelo ni mi mamá encontraron la respuesta, yo tampoco sé aún si existe una respuesta.

El 1 de noviembre es el día de todos los santos. Vienen todos, ese día es el que importaba, si hacía falta poner la ofrenda los anteriores días, al menos en este tenía que estar a medio día. ¿Por qué a medio día? Mi abuelo respondió que porque era la hora en que el sol daba de lleno en la tierra y las almas transitaban con más facilidad, en realidad creo que es porque a él le gustaba que para la noche ya estuviera todo listo. A veces ponía una sillita junto al altar y pensaba en que me estaban viendo personas a las que sólo conocía por fotos y recuerdos de los mayores.

El 2 de noviembre, día de muertos, es el día que antes de medio día todos se van, de nuevo el medio día. Nunca hemos tenido miedo de la muerte, crecemos con la idea de que al menos en una semana – casi – ellos entran a nuestras casas y toman la esencia de la comida que luego, glotones, nos comemos. Mi tía abuela Sara le dejó una libreta de recetas a mi mamá, casi de forma inconexa estaba la descripción breve pero certera de los difuntos que venían cada día desde el 29 de octubre y yo pienso que, para ella y para mí, escribir es una forma de no olvidar.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. ¡Qué bonito escrito! Y si, con la distancia uno recuerda mejor… Ignoraba las fechas anteriores al 1 y 2 de Noviembre! 😮 Gracias por explicarlo! Se aprende algo nuevo cada día hehe 🙂 Saludos!

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