¿Que qué puede un cuerpo?

El título de este escrito fue la pregunta fundamental del filósofo Baruch Spinoza. Dejando del lado las discusiones teóricas, harto complejas, harto interpretativas y muy poco ejemplificadora, intentemos responder concretamente: ¿qué pueden los cuerpos?

Decía Michael Foucault que los cuerpos están disciplinados y atravesados por discursos e instituciones de poder, aquí la cuestión es, ¿cómo resistir?, ¿cómo crear espacios de resistencia?, ¿qué acciones debe buscar el cuerpo para salir por esas líneas de fuga? Deleuze está metido en esta pregunta. Pausa. Me desvié. Retrocedo: ¿qué puede un cuerpo? Resistir, hacer, reconfigurarse, crearse, deshacerse, desviarse. Seré más claro: correr, escalar, dominar un balón, saltar un auto, brincar la cuerda con las manos, patinar.

Aquí algunos ejemplos:amazingperson   

Lo único que rescato es lo que de verdad puede un cuerpo. He asistido a tantos congresos, charlas, coloquios, clases y charlas de café, las cuales debaten sobre esta cuestión y siempre terminan en teorías y filosofías que, cuando pasan un punto, empiezan a no decir nada, a girar en torno a sí mismas y no en las capacidades y límites de un cuerpo. Se empieza a hablar que si Butler dijo tal, que si Sartre tal, que el cuerpo en la poesía, que el cuerpo en la posmodernidad, que lo corpóreo en los griegos. La problemática radica no en estas discusiones y mucho menos en estos filósofos, sino en la habladuría de quienes exponen y teorizan desde su estrado únicamente lo sublime del cuerpo (quién sabe qué chingao sea eso), sin atender a lo cotidiano, entendiendo por esto lo que pasa en la calle, escuela o en la casa, no como un común denominador.

Resulta muy gracioso, o por lo menos a mí me lo parece, que no se hable de lo sorprendente que es escalar una pared, hacer una lagartija con cuatro dedos, realizar una kata, un baile con hula. ¿Será que no se discute esto porque no es estético?, ¿o porque es popular? No lo sé de cierto. Lo que sí sé es que esos congresos del cuerpo son de un aburrido inmenso. Si quieren saber qué puede un cuerpo: caminen por la Alameda  Central, en ella cuerpos desafían lo “normal”. No vayan a los congresos. O mejor sí, ambos se complementan. Pero ninguno en exceso. Reten su intelecto y su cuerpo, o mejor dicho, reten sus capacidades, a ustedes mismos.

Desafíen los límites que quieren imponer esos discursos de poder. Buscar nuevas posibilidades del cuerpo es un acto de resistencia.

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