La conciencia intermedial en Chappie (2015) de Neill Blomkamp.

“La corporalización se refiere a cómo los sujetos particulares viven y experimentan el dinamismo de ser un cuerpo, de manera específica y concreta. Si los cuerpos humanos son, en algunos casos, objetos factuales que deben ser descubiertos y analizados, son también el medium mediante el cual el conocimiento es adquirido. Como objeto de análisis, el cuerpo es único”.[1]

Bernadette Wegenstein.

En la película Chappie reposa una premisa detrás de la historia que nos cuenta: el abandono del cuerpo. Deon (Dev Patel) es un informático responsable de los Robots Policías que protegen a Sudáfrica del crimen organizado. Dentro de una distopía, la tecnología ha tomado la batuta de la sociedad, relegando a los policías a un papel secundario en su propia función, ya que las pandillas han rebasado en número e inteligencia a los propios cuerpos policiales. Bajo este contexto, la empresa armamentista Tetravaal diseña los famosos androides manejados con el delicado software que Deon diseñó.

La conciencia es intermedial siempre y cuando pueda ser representada.

Deon tiene una visión más allá de programar controladores para los robots: diseñar una Inteligencia Artificial tan compleja que pueda imitar la conciencia humana. Aquí surge una pregunta: ¿qué es la conciencia humana? En mi opinión, y en consonancia con la cita mencionada, el cuerpo es complementario a la conciencia; ambos son inseparables e indivisibles. Si para Brus el cuerpo es una “superficie de inscripción de sucesos”[2] en la que se manifiesta todo lo que sucede en la vida —como el placer, el dolor, el amor, el miedo, las pasiones y los desplazamientos espaciales o rutinas cotidianas—, entonces, por complementariedad, la conciencia es la inscripción profunda de los sucesos y la representación intermedial de tales sucesos.

La conciencia es intermedial siempre y cuando pueda ser representada, no importa que sea en el arte (como expresa el libro de Iván Mejía), en un monólogo que simule el flujo de conciencia, un encefalograma o una resonancia magnética: como seres corporeizados buscamos la manera de plasmar nuestros propios pensamientos. En el caso de Chappie, la conciencia es representada con algoritmos que destellean en la pantalla de la computadora. Deon, al haber desarrollado la primer IA que semeja la conciencia humana, implanta el algoritmo en un robot descompuesto, Chappie (Sharlto Copley), y averigua que funciona. Por lógica, Deon se autonombra su “Padre Creador”, asumiendo el papel de educador. Lentamente el robot aprende palabras, movimientos, discursos; sabe leer, estudiar, imitar y mejorar la tecnología y comportamientos humanos. Lo único que aprende hasta el final, y lo cual le genera mucha confusión, es la de saber que su “cuerpo” tiene defectos: como un robot que sería tirado a la basura como chatarra, su tiempo de vida es muy corto. En ese momento, Chappie es corporeizado: “La especificidad de la corporalización humana puede ser expresada por la diferenciación fenomenológica entre ‘ser un cuerpo’ y ‘tener un cuerpo’”. Aunque Chappie no reconoce ambas posibilidades, sí dice “Quiero un cuerpo nuevo”, por lo que se une a Yolandi (Yolandi Visser) y a Ninja (Watkin Tudor) para robar una camioneta de valores. Así, el robot adquirirá su nuevo cuerpo con el dinero robado.

Omitiendo toda la trama, al final de la película Chappie se reconoce como culpable de la muerte de Deon y Yolandi, obligándolo a remediar la muerte corporal “descargando” las conciencias de ambos a una computadora y luego “transfiriendo” dichas conciencias a nuevos robots:

“La renuncia total al cuerpo humano, para pasar a un sustrato puramente digital, lo cual sería posible extrayendo quirúrgicamente las funciones del cerebro y transfiriéndolas a un software por un proceso que se denomina ‘transmigración’. En todo caso, se escanearía la matriz sináptica de un individuo (justo lo que hace Chappie), la cual se transmitiría a una computadora que active las capacidades cognoscitivas para construir nuevos modelos fácticos”[3]             

Por lo tanto, la conciencia intermedial disemina la distinción entre un adentro (“soy un cuerpo”) y un afuera (“tengo un cuerpo”) y el cuerpo queda relegado a un medium.[4] Deon experimenta desplazamientos de un cuerpo biológico a un cuerpo tecnológico (que más bien es una prótesis), y con su nuevo medium el conocimiento que adquiere es distinto.  “Me siento genial”, dice Deon.

Queda así el abandono del cuerpo por la creación de un cuerpo postbiológico en el que la conciencia intermedial hace posible la “transmigración”, adaptándose al soporte que la contenga.


[1] Bernadette Wegenstein, “Body” en WJT Mitchell (2010). Critical Terms for Media Studies. Chicago: University of Chicago Press, p. 19

[2] Iván Mejía R. (2014). El cuerpo posthumano. En el arte y la cultura contemporánea. México: UNAM-FAD, p. 40.

[3] Iván Mejía. Op. Cit. p. 148.

[4] Bernadette Wegenstein.Op. Cit. p. 21.

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