Origami para Manuel Ulacia

Primer pliegue: “El azar teje encuentros/ como las ciudades calles/ que desembocan en la misma plaza”

A la poesía se llega por un amigo, una pareja, un maestro; por el gusto de hurgar entre los estantes de las librerías, de los chachareros; así llegué yo a Manuel Ulacia: como quien desconoce el brillo azul-plata de ciertas noches que se mezclan con el día. Fue en una clase de seminario de tesis. Al profesor le gustaba presentarnos y leernos poemas de autores -mexicanos la mayoría- sólo por el gusto de compartir(se), de sentir el poder afectivo que encierra un verso o una estrofa después del cansancio intelectual que causan tres horas de un mismo asunto. Así es como nos puede inundar un río de signos y de ritmos al que uno no puede dejar de volver, de leer en voz alta. Porque la poesía de Ulacia tiene la fuerza de comunicar cierta tristeza, cierta bruma adormescente en virtud de la experiencia-espejo: el deseo de la unión amorosa y con uno mismo, y la separación que trae consigo la muerte del padre o el cambio constante de un viaje luminoso.

“Esta lluvia que bate los cristales/ es la misma de ayer”, dice el poeta.

 

Segundo pliegue: “El presente es el manantial/ de las transfiguraciones”

A pesar del tiempo que ha pasado desde la publicación que hizo el FCE de su Poesía (1977-2001) en el 2005, no he visto ni oído algo sobre Manuel Ulacia en América Latina. Sinceramente desconozco a qué se debe su olvido. Pero sé que no puede pasar desapercibido en las letras mexicanas, ni siquiera como ensayista (pues tiene un libro dedicado a la poesía de Octavio Paz y otro a la de Luis Cernuda titulados El árbol milenario Escritura, cuerpo y deseo, respectivamente); poemarios como El río y la piedra o el poema de largo aliento Origami para un día de lluvia los considero fundamentales no por innovadores en cuanto a un carácter experimental bien logrado, sino por su capacidad de cohesión temática y subjetiva respecto al tiempo. Es decir, en estos trabajos de Ulacia se puede ver que lo variable es sólo una manifestación de lo idéntico (sobre todo refiriéndose a uno mismo), e incluso esta percepción del eterno presente nos abre un amplio balcón donde poder respirarlo y sentirlo más agudamente. Si estás leyendo Origami… y llegas a los versos que dicen: “caes como la lluvia que cae/ y no te moja”, tú te sientes caer durante el tiempo en que perduras en el poema.

Si la leen no se arrepentirán

Repliegue: “Pero el camino ya es otro camino,/ y la casa otra casa”

Su muerte fue trágica, aunque no se sabe si fue voluntaria. Ahogado en alta mar, en Ixtapa, Zihuatanejo, a los 48 años, su voz quedó bien fincada en España: sería bueno re-enunciarla en México. Padeció el mismo sino que José Carlos Becerra y a éste se le conoce más que a Ulacia. Curiosamente, ambos estudiaron arquitectura y su poesía ha tenido un eco más parecido al susurro que a la resonancia de las bóvedas de un templo. Sin embargo, es muy probable que me equivoque y alguien ahora esté continuando el camino que dejó trazado Ulacia junto con la casa que construyó Becerra para tensar su voz como el arco que disparó la flecha de Zenón de Elea… y hacerla vibrar como la flecha misma.

Despligue: “el tiempo construye y borra ciudades/ la música perdura”

No es tanto lamentarse de lo que pudo haber escrito Ulacia si hubiera vivido más tiempo, sino acercarnos a oír con atención lo que nos dejó, lo que nos dice. En la poesía siempre hay una idea, una imagen, un ritmo, un imaginario que palpita con la intensidad de un corazón enfebrecido, y es por este palpitar que las experiencias-espejo que vivimos resuenan de un lado al otro de las personas con las que convivimos y con las que nos compartimos. Experiencias que se dilatan como las ondas en el agua de un estanque; experiencias hechas de la materia con la que nos ofrendamos día a día en un plato azul rebosante de crueldad y de ternura; experiencias más o menos geométricas como el enigmático patrón con el que cae la lluvia. Ésta es la importancia que tiene, al menos para mí, el trabajo poético de Manuel Ulacia. Les toca a ustedes leerlo y averiguar si algo de esto, o algo más, en él encuentran.

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