Poemas de Morado Cuevas

78. Dio(na)z(i)

Cuando buscaba diagnóstico,

como teísta que busca consuelo en su rosario,

leí todo lo que encontré sobre el tema:

bueno, no todo. Solo las computadoras tienen la capacidad

de leer y procesar todo, mientras tengan energía y humanos que las alimenten.

 

La computadora  codificó mis preguntas en binario

y buscó en las redes todo lo que pudo mostrar:

como ella, no puedo mostrar aquello que no sé leer. Hay signos

incomprensibles: la apertura de la boca que enseña

dientes amarillentos

los tonos altos y chillones como traje de XVañera

los centímetros de comodidad entre cuerpos

(¿uno más? ¿tres menos?).

 

Descubrí que Herr Asperger

fue parte de la Solución Final.

 

Nos crearon dioses,

nos nombraron luz e intelecto,

pero no pudieron controlarnos:

no pudieron controlar nuestro color,

nuestra manifestación del padecimiento.

No pudieron hacernos enteros:

heterosexuales,cisgénero,

blancos, “puros”.

No pudieron controlar nuestra curiosidad.

 

¿Cómo portar con honor el nombre

de un asesino? ¿De quién nos “creó”

con la intención de que fuéramos

sus “pequeños profesores”

entes superiores a los mortales?

 

¿Es que así se siente ser cristiano?

¿Ser parte de un culto que terminó

la vida de millones de personas

y fingir que nuestro nombre

es privilegio?

 

Sobrecarga sinestésica

Actúan como muros las sábanas

Lo primero en apagarse son las luces

La vibración de los colores se marcha, resignada a que no le escucharé

Sonidos chillantes mutan en susurros

Aroma a moho envuelve lo que resta de mi cuerpo

cuando la oscuridad es total

La luz grita demasiado.

Quetzalcóatl me devoró y escupió demasiado tarde

Actúan como muros las sábanas:

paladas de tierra que entierran toda sensación

incompleta

 

Ovejas eléctricas

Los martes por la noche,

cuando regreso del trabajo,

fantaseo sobre lo feliz que sería

si las personas trabajaran como computadoras.

 

No exigirían que los mire a los ojos,

ni que hablara para hacerles comprender

que hablan demasiado.

 

No me puedo llevar en la maleta

El oso de felpa que me regalaron al nacer

El calor de la cama materna antes de la escuela

La cucaracha que vivía en mi clóset

El limonero de la vecina

El olor del incienso de cada ceremonia dominical

Los gastados libros infantiles

El acordeón del presunto pederasta, profesor amado

La camiseta firmada por todos los de la secundaria

El ramo XVañero mohoso sobre la repisa

Los primeros silbidos en la calle

ante los trazos de cadera que me colgaban

Las dos bolas de grasa que me crecieron del tórax

cuando llegué a mi primera pubertad

La última charla que tuve con la abuela,

grabada  en mi primer celular robado

El corte de cabello más esperado de mi mundo

Las botas rancheras con más agujeros que suela

Los rechazos significativos:

“estoy de luto: hoy mi hija está muerta”

Las reconciliaciones significativas:

“Ok, pero no me digas nada y que NO SE TE NOTE”.

 

Si no me los puedo llevar en la maleta,

¿cómo esperan que me los lleve al féretro?

 

Morado Cuevas (1995)

Pasante de la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas. Escribe poesía y ensayo. Ha publicado en medios impresos y digitales. Genera contenido para colectivas diversas. Editor en jefe de resortera.mx . Si pudiera sería un erizo de tierra.

 

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