La piñata de David Fincher

Aún en proceso de recuperación del maratón Guadalupe-Reyes sigo pensando en la tradición de romper piñatas. Según una famosa enciclopedia en línea esta tradición comenzó en China, luego fue llevada a Italia y de repente ya estaba en México —claro que los motivos de su empleo fueron transformándose hasta el actual como medio de entretenimiento en fiestas de cumpleaños, posadas y demás celebraciones navideñas—.

Casi apostaría a que los mexicanos nos sentimos creadores y dueños únicos de la piñata original porque es en nuestro país donde se ha revolucionado su elaboración*. O ¿va alguien a negar la creatividad que muestra la piñata surgida después del incidente del actor Eduardo Yáñez?

Yañez 1

¿La de la famosa perra rescatista Frida?

Frida 1

¿O de las muchas que representan a “El Chapo”?

Lo dudo. Sin embargo, cuando todavía no aparecían las piñatas hechas de cartón, estos no sólo debían tener como base una olla de jarro. Además, su forma no podía aspirar a ser otra que una estrella de siete picos y he aquí el meollo del asunto.

La razón de que fueran siete y no cinco o diez picos corresponde a que cada uno de los picos representa un pecado capital —sí: avaricia, envidia, gula, ira, lujuria, pereza y soberbia—. Entonces, el quebrar la piñata simboliza la destrucción de estos siete males que acechan la débil voluntad humana.

Ahora, ¿por qué picos y no bolas? Si me preguntaran a mí si concibo los pecados como picos diría que no. Piensa un momento en las cosas que pican. Por ejemplo, la aguja de una jeringa ¿Es seductora como el pecar? No lo creo. En todo caso, los dulces y frutas dentro de la piñata deberían representar los pecados porque esos sí que atraen. De hecho, no puedes destruir los pecados —ellos a ti sí—, tal vez sí evitarlos. Pero así todos nos alejaríamos al ver la piñata y se acabaría la diversión.

Una persona dando palazos con los ojos vendados asusta. No es la imagen ideal de alguien que está purificando su alma. Quizá sí la de un iracundo actuando sin razonamiento previo. Ahora, ¿qué son todos los que lo rodean? Perezosos dejando que el pobre ingrato termine el trabajo para después abalanzarse sobre la ganancia. ¡Ah! Y cuidado con aquel que acapara dulces con todo su cuerpo, ese avaro no piensa en los demás. Uy… y no se diga del envidioso que planea cómo quitarle el botín al de al lado. Digo el de su lado derecho, porque el goloso de la izquierda ya devoró lo que ganó mientras el iracundo, ahora soberbio, presume la facilidad con que destrozó la piñata. De quién es el lujurioso mejor ni enterarnos.

En fin, el desencadenamiento de todas estas ideas me condujo a pensar en David Fincher. Ojalá ustedes hayan tenido el placer de ver Seven (Sev7n) —si no, considérenlo una recomendación y disculpen el spoiler—. Película donde se investigan siete asesinatos relacionados de alguna manera con los ya citados pecados capitales.

Evitaré hablar más de la trama, sólo quiero que imaginen a Kevin Spacey decidiendo romper una piñata para dar su “gran mensaje” a la humanidad en lugar de cometer homicidio.

Spacey

*Créditos a la Piñatería “Ramírez” por sus originales creaciones.

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