Los hijos de Alicia

Cuatro y media de la tarde. Cielo despejado, cantera fría, los turistas cerrando sus chamarras, los zacatecanos sin saber a dónde arrojar los abrigos. Avanzo entre plazas y callejones buscando la calle Víctor Rosales.  Bajo por un callejón lleno de artesanías wixaricas. Colores atrapados en simbólicas figuras. Continúo bajando por los escalones de las plazas y las calles hasta encontrar la que busco. Callada, angosta, se extiende entre casas antiguas. Busco el Café Taberna Librería. En Zacatecas podemos contar las librerías con los dedos de una mano, o al menos así parece en un primer momento. Pregúntele a la mayoría de los Zacatecanos y siempre le darán  cuatro nombres de librerías, sin embargo, a veces ocultas –y bajo el disfraz de galerías, cafés, anticuarios o una amalgama de todo–  se encuentran algunas joyas como esta librería. Entro. Tres salas con diversos estantes me reciben. En la última sala encuentro unas escaleras y al subirlas, una terraza. Son las cinco en punto, justo a tiempo para escuchar la presentación de los libros “Textuamorfosis” de Eduardo S. Rocha y “Quizá por miedo a la noche” de Ezequiel Carlos Campos.

     Hace un año con motivo de la celebración del primer aniversario del  Taller Literario Alicia sus integrantes, alumnos en su mayoría de la Licenciatura en Letras de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), decidieron dar a conocer el trabajo que habían estado realizando. La idea inicial era realizar una lectura en voz alta por parte de todos los integrantes, pero tras considerarlo mejor – y dada la amistad entre Ezequiel Carlos Campos, uno de los fundadores e integrantes del Taller Literario, y Oscar Edgar López Martínez, director de la editorial artesanal e independiente Rey Chanate—se optó por publicar una serie de libros para dar a conocer lo que dentro del taller se había estado trabajando.

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     Así comenzó a publicarse la colección “Los hijos de Alicia” conformada por los libros “Aquello que no se cuenta” de Ezequiel Carlos Campos; “Para cantar bajo la lluvia” de Alberto Avendaño; “Más inquietante” de Joselo G. Ramos y los dos nuevos libros motivo de esta nota y que me llevaron hasta aquel Café Taberna Librería: “Textuamorfosis” de Eduardo S. Rocha y “Quizá por miedo a la noche” de Ezequiel Carlos Campos. Al otro lado del público los autores y dos amigos comentan las dos obras y cómo es que ha surgido todo. “Textuamorfosis” se posiciona como un libro cuidado que no sólo ha buscado qué decir sino el cómo decirlo, una serie de cuentos donde el sentido técnico se reinventa.  “Quizá por miedo a la noche” comprende una serie de poemas que nos hace preguntarnos “¿en dónde nace la necesidad de cantar?” para descubrir el origen de ese alarido tal vez en la noche, tal vez en el amor.  Joselo G. Ramos y Alberto Avendaño son los encargados de comentar las obras por medio de los escritos que han preparado. Isis Abib modera. Los escritores leen algunos fragmentos y tras algunas preguntas el evento termina no sin antes anunciar la próxima publicación de “Cantares al azar” el sexto libro perteneciente a esta colección.

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     Las personas comienzan a levantarse de sus asientos, algunos pasan a felicitar a los autores otros se dirigen al expendio de cerveza de barril que alguien ha traído. Los comentarios sobre el evento son favorables, mucho más las opiniones sobre las obras presentadas. A mi alrededor todos platican y bromean, la mayoría de ellos se conocen desde hace tiempo gracias al arte. Aquí un fotógrafo saluda a una vieja amiga, acá el editor de un reconocido periódico platica con Uriel Martínez el poeta zacatecano vivo más importante, allá un grupo heterogéneo charlan y acuerdan nuevos proyectos, al fondo un trovador afina para comenzar su participación.

     Me acerco a la mesa con los libritos que nos han traído a todos hasta aquí. Los veo. Ediciones cuidadas, hechas a mano, artesanales. Síntesis de dos colectivos, el creado por un grupo de amigos amantes de las letras y aquel otro que surgió con la intención de reunir a los artistas locales. El cielo azul comienza a tornarse violeta con tonos ocres adornando el filo de las nubes. Me pongo el abrigo, me despido de algunos amigos y bajo las escaleras. Recorro las angostas calles de la ciudad pensando en todas los grandes sueños que iniciaron así, un grupo de amigos decididos a hacer lo que aman. En realidad aquí en Zacatecas los colectivos abundan, se encuentran ocultos tras esas viejas casonas de cantera, en las azoteas, al otro lado de angostas escaleras, en algún café que es al mismo tiempo galería y editorial. No puedo evitar pensar que aún hay plata oculta tras la cantera. Miro el reloj, cuarto para las ocho, sábado 27 del 2018… Camino por la ciudad de cantera con algunas frases y versos enredados en la cabeza, me pregunto qué ocurre en las otras ciudades de mi país.

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