¿Los mexicanos hablamos “bien” mal o “bien” bien?

“(…) que quien soy y quien fui son sueños diferentes.” (Fernando Pessoa)

Es un poco complejo delimitar qué está “bien” y qué está “mal”. Más allá de ser un problema palpable nos encontramos con una cuestión filosófica en la que están implicadas varias cosas: ética, moral, educación y hasta posturas políticas. Y es entonces cuando yo les pregunto: ¿los mexicanos hablamos “bien” mal o “bien” bien?

     Una problemática de la sociedad coetánea, en cuanto a la lengua se refiere, es la percepción de lo que está bien y lo que está mal (ya sea en el habla cotidiana o en la escritura) influenciada por aspectos  positivistas que, aun sin saberlo, se transmiten de manera ilimitada e infinita generación tras generación.

     A veces me preguntan a mí, si escribir de cierta forma, si usar lenguaje inclusivo, si utilizar cierto léxico, está bien, y no me queda más que responder lo siguiente: la lengua es tuya. Más allá de poseer objetos, hay algo, además de tu ser finito, que te pertenece y eso es la lengua. No hay mentira más repetida que el hecho de creer que la lengua pertenece a una academia o a algún diccionario.

     Sí, una misma lengua pertenece a muchas personas; no obstante, cada uno la desenvuelve de la forma que le parece pertinente (consciente o inconscientemente), asimismo, es por ello que existe algo que en lingüística llamamos idiolecto.

     Las realizaciones fonéticas, el significado de ciertas palabras y la estructura de las mismas no siempre han sido de la misma forma. Y no, no podemos atenernos al significado etimológico de las palabras (aludiendo un poco a Lara) puesto que éstas cambian dependiendo de un uso imparable. No podemos estar en la búsqueda constante de que lo que existe hoy, sea como fue. ¿Cómo se le explica alguien que lo que fue de cierta forma no conservará su estructura en el porvenir? De esa manera pasa con todas las cosas de la vida.

     Más allá de hacer un planteamiento lingüístico antinormativo, estas líneas tienen la finalidad de responder una pregunta que percibo un tanto filosófica: ¿qué está bien dentro de la gramática (española)? No perdamos, aun así, el vínculo lingüístico que nos atañe a la presente lectura.

     Como planteamiento con aquellos tintes filosóficos mencionados, tiene, por tal motivo, una respuesta inexacta pero que trata de inmiscuirse en la reflexión. Un mexicano puede creer que habla de forma terrible debido a que utiliza ciertas palabras vernáculas que, ante una visión conservadora o académica normativa, son “inaceptables”, “de la calle”, entre otras tantas descripciones que pueden construirse.

     Me pregunto si todas las personas que creen que hay una forma “bien” bien de hablar, utilizan las palabras “correctas” en contextos “correctos”. Lo pongo entre comillas, porque esta misma percepción de lo “bueno” y lo “malo” acoge a lo “correcto”. En el caso idílico de que así fuese, lo “correcto” parece revocable ante la existencia de precedentes “correctos” los cuales tienen otros precedentes “correctos” suceso que nos mantiene en una paradoja de reciprocidad inapelable y que, además, es finitamente extensa.

     Los casos ejemplificadores podemos hallarlos hasta en las rocas. Si queremos hablar de abreviaturas tenemos los manuscritos arcaicos que recurren a elementos gráficos para elidir ciertos grafemas con la finalidad nada cuestionable de ahorrar espacio. Recordemos que de una de estas abreviaciones proviene nuestro actual fonema /ɲ/, es decir, la “ñ”, no sin dejar en claro que mencionado fonema no sólo surgió de éste hecho, sino también de otros tantos que advertimos, como fenómeno análogo, en lenguas románicas como el italiano, el catalán o el portugués. Así, por mencionar otro caso, el hecho de que pronunciemos [oréxa] y no [oríkula] u [oreʎa] es una remisión, aunque arcaizante, justa para divisar que lo “correcto” no existe en el uso, por lo que para encontrarlo tendríamos que remitirnos a un origen lejanísimo, que vivió en alguna ocasión; empero que ahora es sólo parte de un hecho que no se consume ni en la remembranza, pues nadie hoy vivo puede recordarlo. No quedaría de más describir a lo “correcto” como algo pasajero, efímero, finito, temporal, subjetivo y a su vez inalcanzable ya que cuando uno camina hacia ese intento de encasillar un signo lingüístico, éste se nos va de las manos

     ¿Cómo puedo decirle a alguien que algo que se cree que es, será? Si ni siquiera estoy segura de qué es ese elemento en este presente que no puedo detener, pausar, inmovilizar, y que ahora mismo se ha ido ya de mis manos, de las tuyas, de las de Dios, de las del planeta, de todo que en su absolutismo es nada. ¿A caso has dejado de ser tú (“correcto”, “bueno”, “íntegro”) por haber transitado el tiempo?

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