El Majestuoso Mundo del Maravilloso y Perfecto  Mago Perdido

Capítulo I

Desperté uno de eso días en el que no llueve pero las nubes amenazan con hacerlo, cuando sonó mi celular y el siguiente mensaje brillaba en la pantalla; ¡CASO SIN RESOLVER! Eso sólo podía significar una cosa: que si no llegaba a tiempo a la oficina perdería el pago de la semana y por ende tendría que empeñar mi alma o alguna cosa menos dramática para pagar la renta.

    La Agencia de Rescate Virtual (ARV) se encuentra ubicada en el quinto piso de un edificio despintado, carcomido y mohoso. Desde sus inicios fue fundada con el objetivo de salvar a aquellas personas que caían bajo las tentaciones del otro mundo. Un mundo en el que nadie envejece, engorda o es dejado plantado. “El Majestuoso Mundo del Maravilloso y Perfecto  Mago Perdido”.  Muchos mundos en este párrafo para mi gusto.

    Dejen ser claro. Este es el futuro, no hay carros voladores, computadoras asesinas o robots con sed de venganza. Seguimos teniendo guerras, hambruna, pobreza, desigualdad, racismo y todo aquello que prometimos eliminar para este siglo. En pocas palabras, no hemos avanzado ni pito. Pero si hay algo para lo que nació el hombre es para crear programas de entretenimiento. ¡Sí, Señor, el futuro ahí sí que nos  llegó!

   Resulta que hace algunas décadas un gordo tuvo la grandiosa idea de crear el primer visor virtual de entretenimiento móvil. Ya sé que no suena a algo muy futurista, nuestros antepasados ya habían hecho algo así con los celulares apendeja gente y los famoso lentes de realidad pendeja. Lo que pasa es que a este gordito se le ocurrió que no sólo podíamos ver nuestro programa favorito donde quisiéramos sino que ahora podíamos entrar a él. Como les digo, sólo a un grasosito se le pueden ocurrir esas cosas.

    Por desgracia su aparato del mal no funcionaba con todos los canales televisivos. Así que derrotado y con unos kilos de más, nuestro valiente héroe de capa extra-grande decidió realizar su propio programa. “El Majestuoso Mundo del Maravilloso y Perfecto Mago Perdido”

    Durante las primeras semanas nuestro buda moreno se convirtió en la burla no sólo de su casa sino del país entero. Los noticieros y los periódicos (sí, supérenlo, aún en el futuro existen los periódicos) le dedicaban notas enteras al ridículo programa de un joven de 30 años que aún vivía con su madre y que se negaba a buscar  trabajo.

    Nadie sabe cómo consiguió crear los visores ni mucho menos diseñar su propio programa televisivo. Lo cierto es que hay muchas cosas en este universo que siguen siendo un misterio y esa es una de ellas. El punto es que su nombre era el insulto perfecto. Pero nadie se esperaba lo que a continuación sucedería.

    Con dulces podridos, cigarros usados, ropa sucia, cables viejos y más de mil visores virtuales de entretenimiento móvil en su cuarto, el pobre e incomprendido inventor pasaba sus días viendo películas XXXX (en este siglo le agregamos otra X al porno). Hasta que una mañana alguien que no era su mamá tocó la puerta; refunfuñando y ogreando como siempre que lo molestaban abrió.

    Un empresario, chino o japonés de seguro, estaba interesado en su invento y decidió financiarlo por un tres y muchos ceros. Pronto los estantes allá en Asia estaban repletos de visores virtuales de entretenimiento móvil junto con el programa de “El Majestuoso Mundo del Maravilloso y Perfecto Mago Perdido”. La gente hacía filas y filas para comprar los visores, algunos murieron en el intento y otros terminaron revendiéndolos a precios de Dubái.

    El creador que ahora era rico pero igual de gordo era objeto de culto y muy pocos podían acceder a su mansión escondida en Europa donde reconstruyo a imagen y semejanza su cuarto para sentirse en casa. A los ocho meses cada uno de los seis continentes ya vendía el fabuloso visor con el  único programa que tenía incluido.

    ¿En qué consistía tal maravilla creada por unos dedos tan antojables? Los visores eran colocados sobre el rostro de la persona y en seguida se mostraba el inicio de un aparente programa televisivo. En él los usuarios eran participes de las aventuras del Mago Perdido y su Mundo Maravilloso, no sólo viajaban por la historia sino que ellos mismos podían modificarla e incluso andar libremente por aquel paisaje. El objetivo era simple: devolverle la memoria al Mago Perdido y encontrar su cueva en el Páramo de las Alegrías. Para ello había que seguir la serie hasta el final pero nadie lo había logrado hasta al momento y aún hoy en día sigue siendo imposible.

    De esta manera, niños, jóvenes, ancianos, adultos, tuertos, mudos y sordos se conectaban con sus amigos para explorar aquel mundo. Hasta que el futuro decidió vengarse en nombre de todas las computadoras y androides jamás creados.

    Primero fueron casos aislados y después ya se escuchaban rumores cuadras abajo. Gente había muerto con los visores puestos. Al muy roba lonches se le olvidó decirle a sus compradores que podían llegar a perderse allí dentro. No era cuestión de desenchufar el visor y listo. Se tenía que ir a cierto punto del programa donde uno podía desconectarse sin problema. Y ya sé que esto suena a cliché de ciencia ficción  pero yo no invento lo que pasa en el mundo.

    Además si el usuario excedía cierto número de horas le sería cada vez más complicado encontrar la salida. En caso de desconectar bruscamente el visor, el cerebro quedaba en estado catatónico.

    Decepcionados y abatidos la gente dejó de comprar los visores y pronto todos comenzaron a olvidar al Mago Perdido. Pero antes de que eso sucediera las grandes empresas que por fin han admitido que gobiernan el mundo, vieron en este producto el futuro.

Actualmente nueve de diez familias cuenta con un VVEM (ya abreviaron el nombre)  en el que pueden entrar a sus programas favoritos. Ahora se puede caminar entre los escenarios de las series, las películas, los reality show y el canal de Guerra en vivo. Estar en los Oscares nunca fue tan real, casi puedes oler el perfume y los bíceps de tu actor favorito.

    Y es aquí donde hago mi aparición. Día con día mueren personas dentro de los visores, pero las empresas están tan preocupadas en seguir generando dinero que ven esto como un mal menor. Mi trabajo consiste en rescatar a las personas que se encuentran pérdidas en algún programa. Arriesgando mi hermosa vida y en nombre de la ARV tengo como misión salvar al mayor número de usuarios posibles.

Lo que sigue es el inicio de mi aventura. Una aventura repleta de diamantes, alienígenas, meteoritos y cinco niños muy pobres. Tristemente al escritor ya le da flojera seguir con este capítulo por lo que nos vemos hasta la siguiente semana. Mientras tanto imaginen que esta es una de esas novelas que se repartía por capítulos en el siglo XIX.

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