El transhumanismo problemático de Altered Carbon (2018)

“Contrariamente al cuerpo diseñado genéticamente, clonado o sometido a cirugías pláticas o de cambio de sexo ꟷdonde es un objeto más importante que el yoꟷ, bajo la lógica  del avatar, el cuerpo es una mera envoltura de la cual es posible prescindir, pues el yo es lo único que subsiste”

El cuerpo posthumano en al arte y la cultura contemporánea, Iván Mejía.

La fascinación por la inteligencia artificial va acompañada también por un miedo, que no irracional, pero sí por las posibles consecuencias de un avance tecnológico tan relevante que no podemos imaginar los alcances. Cuando Marie Curie descubrió la radiactividad jamás imaginó que años después el uranio sería utilizado en una bomba nuclear. Algo semejante ocurre actualmente: las computadoras son más rápidas, procesan mucha más información (los Big Data), los robots con inteligencia artificial son más sofisticados. El desarrollo tecnológico no parece detenerse, al contrario, se acelera. Debido a esto, disciplinas como la bioética intentan hacer una pausa para reflexionar. Pero qué mejor manera de poner en tela de juicio a la tecnociencia que con las posibilidades de la ciencia ficción, y mejor aún, con una serie de Netflix.

La serie está basada en el libro de Richard Morgan, ganador del premio Philip K. Dick en el 2002. La humanidad ha conquistado los más oscuros rincones de la galaxia gracias al desarrollo de  las “placas” un dispositivo que almacena la conciencia del ser humano (Conciencia Humana Digital) y prolonga la vida indefinidamente.  En El cuerpo posthumano de Ivan Mejía, el académico recoge las prácticas que buscan modificar radicalmente el cuerpo, principalmente aquellas que se relacionan con la tecnología: implantes, cyborgs y exoesqueletos.  El pensamiento más radical es el transhumanismo, que busca trascender la barrera biológica del ser humano y llegar a una vida digital por medio de los avatares (el 2045 Avatar Project Milestone es un ejemplo). No así en Altered Carbon, donde aún existe la muerte corporal, biológica. No obstante, la Conciencia Humana Digital puede ser insertada en otra “funda”, es decir, otro cuerpo como se dice en la primer cita de este texto.

Así pues, la serie propone algunos problemas interesantes que conlleva el “re-enfundado”: primero, todos los seres humanos, tanto en la tierra como en las colonias exteriores, deben instalarse su placa de CHD al primer año de edad.  Cuando mueren tienen la opción de re-enfundarse, pero ya no en su propio cuerpo, sino en otro. Un ejemplo crudo se muestra al principio de la serie cuando todos los re-enfundados parecen desorientados, tristes, distantes y extrañados: una anciana blanca de mirada sin brillo camina sin ritmo por el recinto. Cuando ve un matrimonio de asiáticos se les acerca con mucho temor. La anciana en realidad es una niña asiática de 7 años que fue atropellada. Los padres se quejan y la contestación fue la siguiente: “El Estado les proporciona una funda gratis, se les da lo que hay. Si quieren algo mejor, páguenlo”. Entonces el derecho a tener un cuerpo semejante al original queda relegado solo a las clases más privilegiadas: los Matt. La gente más rica de la galaxia es la única que puede clonarse a sí misma y, cuando mueren, re-enfundarse en sus clones. La eterna juventud está relegada a los más ricos. Y son tan ricos e inmortales que los Matt son considerados dioses en una sociedad cyber-punk en la que el alma no existe y la religión tiene serios problemas.

Ante la divinidad de los ricos, Takeshi Kovacs se une a la facción rebelde de Quell para luchar contra el régimen de los Matt mediante el hackeo de las CHD.  Sin embargo, el proyecto falla debido al asesinato de todos los rebeldes y el posterior encarcelamiento de Takeshi. 250 años después, Takeshi es re-enfundado para resolver el asesinato de Bancroft, el hombre más rico de la galaxia. Mientras Takeshi resuelve el caso también desenhebra el hilo negro que mueve al mundo, ya que alguien superior a Bancroft regenta la tierra.

Por otro lado el gran poder que tienen los Matt es equivalente a sus sádicos deseos: construyeron un planeta-satélite en la órbita de la Tierra, lugar donde pueden hacer cualquier cosa, desde sodomizar prostitutas hasta matarlas con sadismo. También en la tierra hay un deporte ilegal que consiste en destrozar, literal, al oponente, bajo la promesa de tener fundas nuevas. Por ejemplo, en un capítulo de la serie, el magnate Bancroft ofrece un espectáculo en el que los rivales son esposos.

Muchos otros ejemplos de abuso y vacíos de poder se aprecian en la serie. Uno de sus argumentos es: solo los más ricos pueden aprovechar el uso de las tecnologías, mientras que los pobres recurren al hackeo, los dispositivos de segunda mano y las fundas viejas y enfermas. A toda esta corrupción y desigualdad en el consumo tecnológico se debe enfrentar Takeshi Kovacs, quien primero busca resolver el asesinato de Bancroft para después desestabilizar el régimen que lo trajo de vuelta de su criosueño.

Altered Carbon es, por tanto, una serie que coloca en una distopia cyberpunk las premisas del transhumanismo que prometen una sociedad de la “Triple S”: Súperlongevidad, Súperinteligencia y Súperfelicidad. Los rebeldes de Quell ponen en entredicho ese “imperativo hedónico” que busca acabar con todo tipo de sufrimiento, aunque solo para los ricos.

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