Edipo Rey vs el Fatum o cómo sobrevivir a las predicciones maternas y a la conspiración universal.

Edipo permanece en la oscuridad, se ha arrojado a ésta con tal de no ver lo que ha hecho. Con los ojos fuera de sus cuencas ya no podrá contemplar los horrores cometidos. Vivió huyendo de su oráculo, e irónicamente su camino de huida le condujo a cumplir lo que temía. Los griegos parecían tenerlo claro, nadie puede escapar de su hado o fatum, es decir,  de “lo dicho, lo que está escrito”. Por más que corras todos los caminos conducen a tu destino.

      ¿Alguna vez han presenciado el cumplimiento de una superstición, advertencia o suerte adivinatoria? ¿O han visto alguna vez como una madre le dice molesta a su hijo “¡Bájate de ahí que te vas a caer!” y a los cinco minutos (como, si se tratase de un hechizo) el pequeño infante sufre todo el rigor de la ley de la gravedad? Existen muchas supersticiones, desde las creencias típicas sobre la mala suerte que acarrean los viernes trece, los gatos negros o romper espejos, hasta considerar que el portar un amuleto nos traerá buena suerte; hay personas que son fervientes seguidoras de los horóscopos y las galletitas de la buena suerte. Lo interesante de todas estas creencias es que algunas de ellas se cumplen para el creyente. Pero no, no se trata de magia, sino de psicología.

screenshot20180322at124717pm-f636d19fa7b0eb0f79e18f91a1cc9891-1200x800

      Cuando creemos firmemente en algo ese algo termina por cumplirse. Y no se trata de una “conspiración del universo” o que nuestras ondas vibratorias ejerzan una especie de campo magnético (hasta ahora no podemos negar o afirmar esto), lo que ocurre es más sencillo. Al repetirle de forma constante algo al cerebro éste comienza a actuar conforme a ello de manera inconsciente.

      En 1960 un grupo de científicos desarrollaron una hipótesis: “Los niños blancos tienen mayor rendimiento académico que los niños negros.” Eventualmente la hipótesis se confirmó. ¿Las razones? Un fallo cognitivo. Los maestros involucrados en el experimento creían que la hipótesis era verdadera, por tanto, de modo inconsciente, daban mayor atención a los niños blancos al creer que éstos aprovecharían más la instrucción. A su vez, los niños negros, al observar la poca atención recibida, disminuyeron su interés por la clase cumpliendo así la hipótesis de los investigadores.

      En el caso de las supersticiones, si la persona aficionada a los horóscopos lee que ese mes conocerá al amor de su vida, es más probable que durante los siguientes treinta días se muestre más alegre, amable y mejor arreglado, también es más probable que se encuentre en un estado de alerta buscando entre los rostros desconocidos alguien que le mire o alguien que responda a su sonrisa. No es de sorprender si al final del mes la persona se encuentra enamorada de alguien o ha conseguido pareja. Lo mismo ocurre para aquellos que reciben un mal pronóstico.

4ffb89f541e9b

      Algo similar sucede con los prejuicios. La persona poseedora de prejuicios se encuentra alerta ante cualquier acción que confirme sus creencias al tiempo que ignora aquellas que las refuten. De igual manera la actitud del prejuicioso lleva a la persona prejuiciada a actuar tal como se espera de ella, justo como en el caso del experimento de 1960 que se basaba en un estereotipo que poseían los investigadores. Esta creencia terminó por cumplirse, no porque en realidad existiera una superioridad en los niños blancos sino porque los involucrados en el experimento actuaron de manera inconsciente de acuerdo a sus expectativas y prejuicios favoreciendo así la hipótesis.

      Repetimos, no es cuestión de magia, de oráculos que nos definan desde el nacimiento o de la fuerza mística de un universo caprichoso; se trata de nuestra conducta intentando ser coherente con las creencias que poseemos. Robert Rosenthal, psicólogo norteamericano, al enterarse del experimento antes descrito sospechó la verdadera razón de la comprobación de la hipótesis y tras varios experimentos e investigaciones concluyó que las expectativas habían sido las causantes de los resultados, a este fenómeno le dio el nombre de “Profecía Autocumplida” o “Efecto Pigmalión” y explicó que los humanos, al tener una creencia actuamos acorde a ella y a través del lenguaje no verbal vamos influyendo en los otros de tal manera que la creencia termina por confirmarse.

Si una situación es definida como real, esa situación tiene efectos reales.

La profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición «falsa» de la situación que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva «verdadera».

      En el caso de Edipo, cada uno de los personajes involucrados en el oráculo se apropia de ese fatum y actúa de tal manera que favorece el cumplimiento del mismo. Desean que aquel oráculo no se cumpla y paradójicamente cada uno de sus actos los conducen a hacer real aquella profecía. Tal vez si Edipo o sus padres hubiesen ignorado el oráculo éste no se hubiese cumplido. Tal vez la tragedia no existiría si Edipo hubiese aceptado el oráculo y no hubiese intentado huir de él.  Después de todo, los miedos, al igual que las creencias, se vuelven reales cuando intentamos huir de ellos, pues en ese caso nuestro actuar les confiere un grado de verdad.

descarga

      Al parecer, los griegos tenían razón, los humanos estamos sometidos al fatum, a “lo dicho, lo que está escrito”, sin embargo hemos de preguntarnos ¿quién emite ese fatum? ¿Dios, el destino, nuestros padres, amigos, conocidos, la sociedad… o nosotros?

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s