Bright (2017): la utopía fallida de una sociedad tolerante

Cuando vi el trailer de la película el año pasado pensé que sería una excelente película por dos cosas: Will Smith actuaría en una película de fantasía (antes había experimentado en una película de ciencia ficción sin tanto éxito, merefiero a la película After Earth de 2013) y la relectura de la fantasía más clásica —propia de Dungeons & Dragons o la Tierra Media de  Tolkien— insertada en un contexto contemporáneo.

Por otro lado está el recurso de la fantasía para hablar de temas políticos sin tener que hablar directamente sobre  tal o cual tema. Así como el escritore mexicano Vicente Riva Palacio con los Cuentos del  general, la fantasía es un pretexto que establece analogías y alegorías mucho más estrechas con la realidad —tanto más que el realismo— para poder hablar sobre la dimensión política de la sociedad, cosa que el realismo impediría. Un ejemplo claro es el cuento “La horma de su zapato”, del mencionado cuentario, que trata sobre las trampas en la política, la corrupción y la falsedad de la democracia mediante la analogía con el infierno: “Hay en el infierno categorías, lo mismo en el cielo y en la tierra; y hay diablos que ocupan encumbrados puestos”. Tratar de inmorales a toda la clase política era algo peligroso durante la época en que escribió Vicente Riva Palacio, por eso el uso de la fantasía como mediación.

Los mismo pasa en  Bright (2017) de David Ayer. El contexto es una ciudad de Los Ángeles tense debido a los problemas entre las diferentes especies que comparten el mismo espacio: humanos, orcos, elfos, centauros, etcétera. Sin embargo, la película solo se enfoca a los primeros tres: los elfos están en la cima social, siendo ellos los políticos de alto rango y los más ricos de la ciudad; los humanos son el estrato intermedio y los orcos, a pesar de haberse olvidado las antiguas rivalidades, son los marginados.

La trama trata sobre Daryl Ward (Will Smith) policía de Los Ángeles y su compañero Nicl Jakoby (Joel Edgerton) el primer policía orco de los Estados Unidos. Ambos viven en una ciudad tensa debido a los problemas de violencia policial sobre los orcos, el abuso de los elfos y la indiferencia de los humanos. La situación empeora a partir de que un orco dispara a quemarropa contra Daryl, desatando la ira social hacia los orcos. Es interesante cuando Daryl vuelve a estar en servicio y aclara su postura frente a Nick, diciéndole que debe defender antes a su compañero de trabajo que a su propia especie. Lo que libera un poco esa tensión es la profecía de que habrá un Bright —un ser mágico, mayoritariamente elfos, que son los únicos que pueden usar varitas mágicas— que libere a los orcos de la opresión actual. Bajo este tenor, existe una “asociación terrorista” llama Escudo de Luz que ha hecho un rito en torno a esa profecía, pues buscan la comunión real ente todas las especies. No así el grupo Inferni, compuesto enteramente por elfos, que buscan reunir tres varitas mágicas para invocar el regreso del Señor Oscuro y que los elfos vuelvan a dominar por completo, esclavizando a las demás especies. Se supone, entonces, que la profecía se cumple en alguno de la pareja humano-orco, por lo que ambos se vuelven importantes para la reconciliación entre los tres mundos.

Para no narrar nada más, apuntalaré que la fantasía sirve para decirnos algo: el proyecto multicultural, de tolerancia y respeto hacia el otro y sus prácticas, es un proyecto fallido. Los orcos están relacionados con el Señor Oscuro, puesto que ellos le habían servido hace miles de años. Algo semejante sucede con los latinos y también los negros, que en la administración de Donald Trump son considerados los responsables de todo lo malo que sucede en el país: drogas, homicidios, desempleo. O los indígenas durante los primeros años de Independencia en México, que se consideraban un lastre difícil de cargar e impedimento para lograr el progreso de la nación, poniendo en marcha proyectos de eugenesia racial y control natal de los indígenas. O los comunistas, que fueron los diablos responsables de tanta inestabilidad en el México del siglo XX. El caso es que los Orcos representan la otredad, marginada, aislada y satanizada. Y no es curioso que todos los elfos — blancos, perfectos físicamente y pulcros— representan a esa clase elitista que suspira por los viejos tiempos en la que los elfos dominaban con imperio, sin reglas ni derechos para las demás especies. Los Inferni, pues, vienen a ser neofascistas, neonazis del mundo fantástico que pertenecen a un especie opresora que anhela el viejo sistema.

Y es un acierto que únicamente la alianza entre los marginados —los orcos y los humanos pobres, negros, latinos— puede combatir y derrotar ese impulso neofascista con el mismo poder que ostentan las élites, o sea, la magia. Por desgracia, la magia y la varita como instrumento de poder específico, no tiene su correlación con nuestro mundo factual, puesto que el poder se ejerce atomizadamente, y no se necesitarían únicamente varitas, también espadas, armaduras, hechizos, criaturas mágicas y muchos aliados y muchos frentes. Además, en la película la varita es un instrumento tan poderoso que hace perder la razón a todos los humanos —como el anillo de poder en El Señor de los Anillos— por lo que solo seres excepcionales pueden utilizarla, seres “escogidos”. En nuestro contexto, tales “escogidos” asumen un papel de mesías o salvador, y que irónicamente se tornan en figuras fascistas, como Trump, o en figuras que fingen un liberalismo pluricultural, tolerante y humanista mientras que por detrás violan los derechos de pueblos fuera de sus fronteras, como Trudeau.

Al final es una película que critica duramente la percepción de la fallida tolerancia y utopía que representa una ciudad como Los Ángeles, que a pesar de su condición cultural jamás ha habido una integración y respeto absoluto entre las culturas y prácticas diversas que tienen lugar, al contrario, parece que la xenofobia y el aislamiento entre unos y otros se radicaliza. Queda decir que la película daba para al menos tres sagas, como se acostumbra dentro del género fantástico contemporáneo  el New Weird, puesto que a pesar de las dos horas que dura la película todo parece tratado de una manera rápida y superficial. En lo particular me hubiera gustado mayor tratamiento del mundo propuesto, la relación de los humanos y orcos y el en encumbramiento de los elfos en la sociedad. Pero Netflix ya reveló que habrá una secuela de la película, así que podrá redimirse entre los críticos que la ignoraron por completo y tomarla en serio.

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