El Festival Medieval Guanajuato, una pintura anacrónica

La sansonette suena. Entre callejones, jacarandas, artesanías y túneles las gaitas y tambores trastocan el tiempo insistiendo que hoy, a inicios de abril del 2018, sigue siendo la Edad Media. Doquier que se volteé se encuentra una ruptura en el tiempo y espacio.  Aquí un grupo de arqueros con perfecta sincronía apuntan a la diana y disparan; allá tres guerreros vikingos charlan y chocan sus cuernos rebosantes de hidromiel; entre las carpas de un mercadillo damas  de elegantes vestidos pasean contemplando las tiaras, vestidos, corsets, joyas, amuletos y armas que ofrecen los mercaderes; de la nada surge un bufón jugando bromas a cuanta persona despistada encuentra; en las sombras cuatro brujas empuñan sus espadas formando un pentagrama; allá hay un grupo de caballeros templarios charlando. No, no es Europa, no es el siglo V, ni el siglo XIV, es México. Alguien ha transportado la Edad Media a la ciudad de Guanajuato. No es el primer año que ocurre este extraño fenómeno, desde el 2005, durante la primera semana de pascua, se realiza en el centro histórico de esta ciudad el Festival Medieval Guanajuato bajo la dirección  del Maestro Juan José Prado Viramontes, uno de los fundadores de los principales grupos artísticos que se presentan.

      Si bien es cierto que en América no existió una época medieval como tal, hay ciudades en México cuya arquitectura evoca escenarios de la vieja Europa. Guanajuato con sus edificios de piedra, sus múltiples túneles y puentes y sus callejones empedrados se asemeja a ciudades como Toledo, Teruel y el Albaycín en Granada. Con la diferencia de que mientras al otro lado del mar las fortalezas color roca resaltan sobre casitas blancas, aquí no existe color imperante, pinceladas  resaltan por doquier entre las colinas hachas laberinto, como si el pintor al que se le ocurrió crear este cuadro anacrónico no se hubiese podido decidir entre el magenta y el turquesa, el violeta y el bermellón.

      La belleza de esta ciudad es tal que la mayoría de las personas que le conocen se enamoran de ella, y no es para menos, recorrer sus plazas es una delicia: jardines repletos de luz danzante entre árboles y fuentes; plazas donde se levantan pequeñas iglesias de fachada barroca, edificios majestuosos de arquitectura neoclásica; calles que suben y bajan, o mejor, dicho, que siempre bajan y jamás permanecen rectas sino que se van enredando y zigzaguean como si no las hubiese trazado hombre alguno sino el andar de alguna serpiente.

      Aquí, en Guanajuato, al igual que en el viejo barrio del Albaycín en Granada, los hombres han decidido trazar un laberinto de piedra sobre los cerros y colinas. En lugares así no sirve pedir ayuda a los habitantes para poder orientarse, la única lógica útil es bajar, siempre bajar y confiar que entre las faldas de esos cerros convertidos en hogares se encuentra el centro de la ciudad.

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(Foto: Ars Bellum)

      Es en este laberinto policromático de túneles, leyendas y cantos nocturnos que el medievo revive cada año con la llegada de la primera Luna llena tras el equinoccio de primavera. Son tres días de fiesta, baile y demostraciones de combate. Tres días en que grupos artísticos de diversas partes de México se reúnen para recrear una época que a esta tierra no le tocó vivir.

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(Foto: Caballeros de la Alianza Medieval por Susana Coyolxauqui del Real)

      Este año el festival se llevó a cabo del 5 al 7 de abril. Por el día grupos como Legión, Halcones de Acero, Dragones Místicos, la Hermandad Medieval de Aguascalientes, los Caballeros de la Alianza Medieval y Ojo de Halcón se presentaron en la arena frente a la Alhóndiga de Granaditas para luchar cuerpo a cuerpo con réplicas de armaduras históricas, para enfrentarse a caballo en las justas, o realizar demostraciones de arquería. Los combates en más de una vez hicieron gritar a los espectadores que llenos de adrenalina apoyaban a sus caballeros favoritos y exigían la sangre del contrincante. El grupo Sbandieratori Guanajuato, por su parte, sorprendió a su público con la demostración del uso de banderas tanto en malabarismo y recreación como el origen bélico de éstas y su lenguaje; y el grupo de Cetrería aprovechó no sólo para dar a conocer a las aves de caza que rescatan, (cuervos, halcones, búhos y águilas) sino que sus integrantes buscaron que los asistentes del festival  se concientizaran del cuidado a los animales y el medio ambiente.

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(Foto: Allium Sativum)

      Por otro lado los grupos de teatro A capa y espada, Allium Sativum y Ars Bellum entretuvieron al público con obras originales. Allium Stivum sorprendió con su cuidada escenografía en miniatura, conquistó el corazón de varias damiselas con el títere del caballero y llenó con risas las plazas gracias a sus títeres y al buen humor de sus titiriteros y bufones; mientras que el grupo Ars Bellum, después de presentar bailes de brujas y combates al ritmo de música folk, hizo al público partícipe de la leyenda de Beowulf llevándolos a presenciar la épica batalla entre el mítico caballero y el temible dragón-botarga.

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(Foto: Ars Bellum por Susana Coyolxauqui del Real)

      Por las tardes las plazas se llenaban de aplausos al ritmo de la música gracias a las presentaciones de baile de los grupos Tanz, Yareaj Layla, la Compañía de Danza Árabe Tamil y Loar Merc’h, cabe destacar que este último grupo ha sido reconocido por la comunidad medieval como “La Realeza de la Danza medieval” debido al elegante porte de sus integrantes, sus movimientos expresivos llenos de solemnidad, su carisma y su larga trayectoria artística. Acorde a esta ambiente de realeza es necesario mencionar al grupo Vitriol de música de cámara y al Ensamble de Música Antigua Corazón con Manos, que, ya fuese en las plazas o en los ex conventos, deleitaron con sus melodías.

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(Foto: Loar Merc’h, la Realeza de la Danza medieval)

      Punto aparte fueron los grupos de música folk, Ex Ventus, Kronus Cantus y Fratibus Perversis, que por las tardes animaron plazas y callejones y por las noches crearon una fiesta frente a la Alhóndiga invitando al escenario a bailarinas y espectadores para enloquecer al son de las gaitas,  gritar el coro de los antiguos cantos lombardos o beber hidromiel como buen vikingo. Era entonces cuando la noche veía su negrura romperse con los espectáculos y malabares con fuego del colectivo Spyro; las luchas ocasionales entre caballeros de distinto feudo; y sobre todo, con aquella guerra de gaitas y percusiones en que el público, exhortado por los bufones, no dejaba de aplaudir y gritar entre trago y trago de lágrimas del Valhalla.

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(Foto: por Andrea Jimenez)

      Hoy Guanajuato extraña las gaitas, los combates, las danzas, extraña el mundo que no vivió, que no pudo vivir pero que cada año, por un pequeño lapso de tres días, puede conocer; y aquellos medievales que ayer pasearon por sus túneles y callejones hoy se han mezclado con el resto de los hombres del siglo veintiuno, han guardado la sobrevesta, el arco y las flechas, la espada, los amuletos, los corsets y las capas, han regresado a sus casas para reunirse con el resto de los hombres que dicen ser sus contemporáneos, tendrán que esperar un año entero para volver a reencontrarse en la época que debió y no pudo conocerlos.

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