Buitres en los cumpleaños

Tic… tic… tic… ¿escuchas ese sonido de gota que cae y repica? ¿Escuchas aquella fuga constante que martillea una y otra y otra vez la roca? Insiste sin prisa. Sabe que su constancia terminará por romperlo todo, tic… tic… tic… ¿Lo escuchas? Fluye, no se detiene, continúa. Tic… tic… tic… Rompe, repica. Es el tiempo. Tic… tic… y tú la roca… tac…

Cumpleaños

¿Qué afán masoquista nos lleva a celebrar nuestra continua muerte? ¿Para qué celebrar el ir del tiempo, el acercamiento a nuestra fecha de caducidad? No siempre el hombre ha realizado celebraciones de cumpleaños. Durante un tiempo estos festejos eran mal vistos por la comunidad cristiana pues su origen se remonta a prácticas paganas de los sumerios, griegos, persas y egipcios.

      La reunión entre amigos y familia inició como un intento de ahuyentar a los espíritus malignos que eran atraídos ese día por los cumpleañeros. Mientras que el uso del pastel proviene de los griegos que a partir de su trato con los persas, los grandes reposteros de la antigüedad, entregaban como ofrenda a la diosa Artemisa  un pastel de harina y miel de figura redonda a semejanza de la luna decorado con velas de cera en círculo para representar la luz que emitía la diosa hacia la tierra; posteriormente el pastel fue incorporado a las celebraciones de cumpleaños, aunado a la reunión entre amigos y familiares, esta práctica se convirtió en un modo de proteger al cumpleañero. Pero ¿protegerlo de qué?

       Desde la cultura judía y cristiana resulta curioso que las únicas tres veces que aparece una celebración de cumpleaños en la Biblia estén acompañadas de una tragedia. En el Génesis durante la celebración del cumpleaños del Faraón éste ahorca a al jefe de los panaderos, en el Nuevo Testamento Juan el Bautista es decapitado durante la fiesta de Herodes y en el libro de Job, poco antes de que den inicio todas las calamidades, aparece cierta desconfianza por parte del protagonista hacia los festejos de cumpleaños que realizan sus hijos.

      Pareciera que existe una relación entre esta celebración y la tragedia, sin embargo dudo que todo se reduzca a un temor supersticioso y que las celebraciones de los griegos, sumerios y egipcios hayan nacido de un temor hacia algún desagrado divino. Los sumerios se reunían alrededor del festejado para protegerlo de espíritus malignos, sí, pero tal vez esos espíritus malignos no fuesen más que los pensamientos obsesivos productos de hacer consiente la fugacidad de la vida y el tiempo, que si bien este último jamás se detiene, rara vez nos ponemos a pensar en su rápido transcurrir. Tal vez los sumerios sabían que son los cumpleaños la fecha favorita del tiempo para afirmar su existencia y echar en cara su inevitable huida.

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      Es común escuchar a los niños emocionarse por esta fecha, algunos incluso le avisan a sus maestros, compañeros, amigos y hasta a los desconocidos que están cumpliendo años. Anhelan tanto ser grandes que el cumplir años representa un motivo de orgullo. Sin embargo esa alegría disminuye en muchas personas al crecer, algunos incluso parecen desear detener el tiempo, quedarse en una edad en específico, tal vez porque ha aprendido que crecer implica tomar nuevas responsabilidades, adaptarse a otros estilos de vida, hacer ciertas cosas como cuidar más la salud, la imagen, el qué dirán, las expectativas, cumplir ciertas normas, horarios y condiciones y por supuesto, dejar de hacer otras tantas cosas como jugar en el parque hasta ser llamados a comer, brincar bajo la lluvia, anhelar ciertos juguetes, vestir de forma ridícula sin importar la opinión del resto, no tener noción del tiempo.

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      Es entendible que para los judíos y primeros cristianos esta fecha no fuese motivo de celebración. Los cumpleaños pueden ser fechas deprimentes, los recuerdos, la nostalgia, la idea misma del tiempo y la pregunta “¿qué he hecho en estos años?” son esos monstruos de los que probablemente los sumerios deseaban proteger a sus seres queridos mediante la compañía y más tarde mediante la luz evocadora de la diosa Artemisa. Hoy en día es celebrada la fecha de cumpleaños. Cada parte del mundo tiene su forma particular de hacerlo. En Jamaica llenan de harina al festejado, en China lo celebran sorbiendo largos fideos para desearle una larga vida, en Brasil e Italia le estiran las orejas al cumpleañero tantas veces como el número de años que cumple, en Dinamarca la cama del festejado se llena de regalos mientras duerme y en la casa se iza una bandera fuera de la casa, en Canadá se embarra de mantequilla la nariz del cumpleañero para que la mala suerte resbale, en Inglaterra lanzan al festejado al aire tantas veces como los años que cumple, en Hungría y la India el festejado regala dulces a sus amigos y compañeros, en Japón el cumpleañero estrena un vestido y visita un lugar sagrado,  en Irlanda al cumpleañero se le golpea tantas veces como los años que cumple, en Nepal se pone una mezcla de yogur, arroz y color en la frente del festejado para desearle buena suerte, mientras que en Israel se sienta al cumpleañero en una silla y el resto suben y bajan la silla tantas veces como los años cumplidos , por otro lado  en México se rompe la piñata y se canta las mañanitas (de hecho he de agregar que una buena forma de identificar mexicanos en el extranjero es cantando las mañanitas, fuera del país la nostalgia aflora y parece inevitable sumarse a aquel canto).

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     Cada país y cultura tiene su forma de festejar los cumpleaños, algunos tratan con bromas rudas al cumpleañero, otros lo tratan como si fuese un rey, se entonan cantos, se reparten dulces, se rodea a la persona de luz, colores, comida, amigos… tal vez lo que intentan todos en el fondo es alejar del cumpleañero esos espíritus que lo rodean, como moscas o buitres: las nostalgias por el pasado, los anhelos que no se pudieron cumplir, la incertidumbre de los años venideros, la insistencia del tiempo sobre su fugacidad y el saber que nos acercamos a un fin. Tal vez las celebraciones de cumpleaños sean rituales de protección que tornan todos esos pensamientos acosadores en buenos recuerdos, risas y agradecimiento. Porque en realidad la única manera de luchar contra el tiempo y su fugacidad es creando algo con esos instantes para volver lo efímero en eterno a partir de los recuerdos.

 

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