Los límites de la lengua

Conocer los límites de una lengua presupone un gran análisis al interior del sistema de comunicación por el cual nos regimos. Delimitar en dónde empieza una lengua y dónde comienza un dialecto es una de las problemáticas que, desde hace algunos (muchos) años, atañen a la lingüística. No obstante, dar respuesta concreta a esta interrogante ha causado varias preguntas más: éstas cuestionan la respuesta o las diversas respuestas que surgen a través de la gran pregunta. ¿El dónde acaba una lengua y dónde empieza un dialecto, es entonces un hecho poco delimitante?

Hace unos días, mientras veía algunos “memes” en facebook, observé uno en el que se planteaba el hecho de “¿por qué el portugués es ininteligible?”, así, las respuesta era “porque es portugués”. De alguna forma, la creación de esta respuesta a partir de una especie epímone, deja mucho que desear para ciertas personas; sin embargo, a mí me pareció de lo más precisa, porque, ¿no es una epímone un recurso que, a través del uso de la misma palabra, se trata de hacer énfasis en algún conocimiento que en el fondo está arraigado al imaginario popular?

Dar respuesta a un hecho como el que se planteó en el párrafo anterior es uno de los problemas que enfrentan los lingüistas. Que si el límite entre lengua y dialecto se rige por el “número de hablantes”, que si el mismo se rige por el nivel de “inteligibilidad”, que si el mencionado se rige por “las diferencias lingüísticas de todo tipo: morfología, sintaxis, fonética, fonología, etc”. El problema principal podría compararse con la pregunta “¿Cuál es la diferencia entre un cuento y una novela?” Porque, en muchas ocasiones se ha tratado de responder esto por medio de “el número de páginas”, “el número de personajes”, “la estructura interior de cada uno”, mas, ¿esto ha podido resolver esta cuestión análoga a la nuestra?

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Cuando a mí me lanzan ese tipo de preguntas, sinceramente contesto con una explicación enorme muy afín a lo que tratamos en el presente texto. De alguna forma, sé cómo diferenciar cada uno, empero dar una respuesta precisa me parece un tanto lioso. Es como una de esas cosas cotidianas que sabes, pero que no puedes explicar con amplitud. Lo asumes, lo asimilas: todo lo que se pueda decir conlleva una complejidad en su justificación. Esto no quiere decir que, si me arrojaran una pregunta en contraposición a lo más cercano que puedo llegar a responder acerca de la diferencia entre lengua y dialecto, pueda responder con la facilidad casi divina con la que Edipo lo hizo a la Esfinge.

Si tomamos un caso hipotético: el porqué el portugués es una lengua y no un dialecto, podríamos responder “porque es muy diferente al español en cuestiones grafemáticas, fonológicas, fonéticas y morfológicas” o, como en el caso de la afirmación del meme, “porque es ininteligible” al español. Pero alguien, de alguna forma, puede alegar que puede comprender casi en su totalidad el portugués, así como lo hace con el dialecto del sur de México, además de agregar que en cada uno podemos hallar un léxico determinado que se aleja mucho del que ese individuo está acostumbrado a audir. Y, aun cuando, en portugués digan “um” en lugar de “un” y “cidade” en lugar de “ciudad” sabemos que la diferencia entre una consonante u otra no es gran problema, así como la monoptongación o diptongación correspondiente a cada una de las palabras en cada idioma. Si nos basáramos en una palabra portuguesa como “destruídos”, no habría mayor problema en el entendimiento, puesto que la única diferencia con el español sería que la misma palabra no lleva tilde. ¿Entonces cuál es el límite?

Muchas pueden ser las contrarrespuestas que pueden surgir a partir de una afirmación. Se puede alegar que un hablante de cualquier lengua neolatina, puede entender casi en su totalidad otras lenguas neolatinas y aprender el resto de manera sencilla. Y esto a lo que llamamos inteligibilidad rompe una barrera basada en la escritura grafemática y morfológica, pues no deja de haber un entendimiento nítido. Así como una persona de cierto grupo social puede entender a otra de diferente grupo social (con todo y sus “faltas de ortografía”) pasa con los hablantes de una lengua u otra. Los valores, aunque con diferencias, son asimilables para el otro, por lo que una afirmación abstracta y generalizadora que surja a través de una interrogante compleja se puede rebatir con la facilidad con la que Paris eligió a la mujer más bella. Entonces, la problemática queda inconclusa: un acercamiento no es suficiente para tomar todos los elementos que puedan dar resolución a una incógnita.

La dificultad para aseverar algo va más allá de las palabras. A pesar de que pueda existir una respuesta mental a nuestra cuestión inicial, la materialización de la misma es lo que no permite definirla como solucionada. Sin finiquitar una duda, surgen otras más y con esas otras un trabajo de estudio arduo. Existen personas que tal vez pueden entender el hecho de que haya algo, respecto a la lingüística, tan indefinible como el amor, pero en el caso de otras personas puede que la irresolución o lo conflictivo que es demarcar un Algo, les cause un gran abatimiento. Así, ¿todos los límites tienen que ser palpables para existir? 

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