Ranitas de colores

Avanzas, un día decides salir de casa y emprendes un viaje, llegas a una ciudad desconocida y, al igual que los antiguos héroes de los cuentos infantiles, caminas por esas calles en busca de aventuras. Sigues indicaciones sin un mapa, observando aquí y allá los edificios, templos y rostros de los desconocidos, y entonces tus ojos se detienen una tienda de baratijas, recuerdos y curiosidades. Te acercas y entre juguetes y estatuillas observas un conjunto de ranitas de colores con distintas leyendas: amor, fertilidad, trabajo, éxito, salud, felicidad, amistad, sabiduría, poder  y fuerza.  La dueña de la tienda, te pregunta ¿qué va a llevar? Y tú te quedas ahí mirando las ranitas de colores. Si este fuese un cuento maravilloso ¿qué ranita elegirías? Si esas ranitas de verdad otorgasen el don que anuncian ¿cuál elegirías?

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Ayer, caminando por las calles de Cuernavaca encontré aquel curioso puesto que vendía deseos en forma de ranitas de colores. Me quedé mirando un rato las pequeñas figurillas y conté: 12 de éxito, 10 de amistad, 9 en sabiduría, 7 en felicidad, sólo 6 en poder y 4 de trabajo, 2 de fuerza, ninguna de amor y salud. ¿Qué es lo que el mundo desea? Amor y salud sobre todo, al parecer. Pero el éxito, la amistad y la sabiduría no parecen importar tanto en comparación a la fuerza, el trabajo y el poder. ¿Por qué elegir la fuerza sobre el éxito?, ¿sobre la felicidad? Tal vez porque el deseo más urgente es sobrevivir, por eso las primeras ranitas en venderse son las que ofrecen una posibilidad de seguir existiendo. La felicidad vendrá luego, al igual que la sabiduría o los amigos, lo importante es seguir aquí.

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      Poder, trabajo, fuerza, salud y amor. Poder para no ser pisoteado por aquellos otros que sí lo poseen. Trabajo para tener una esperanza de ingresos y poder así cumplir los sueños frustrados, comprar esa camioneta, conseguir por fin una casa propia, pagar esa deuda, llevar a los hijos de vacaciones, salir de viaje, comprarse ese pequeño capricho, llenar por fin el refrigerador, tener el ingreso suficiente para pagar los recibos y sustentar a la familia. Fuerza para soportar las enfermedades, sí esas que surgieron por el estrés laboral, por las dificultades de la vida y los conflictos emocionales, fuerza para seguir trabajando, para no rendirse y buscar algo mejor. Salud, porque con ella se puede seguir; con ella se puede buscar trabajo, fuerza y poder; continuar viviendo, en resumen; porque lo bueno es tener salud, y teniendo eso el resto es ganancia. Amor, porque este siempre ha sido uno de los deseos más perseguidos del ser humano. Vaya usted a saber si es por una necesidad de compañía, por el anhelo de sentirse comprendido o importante, o porque es una de las maneras más “sencillas” de eliminar (o acallar) los vacíos existenciales y los temores a la no trascendencia y a la volatilidad de la vida. Poder, trabajo, fuerza, salud y amor: dones que se antojan indispensables para sobrevivir.

      Tal vez por eso se vendan más las ranitas que prometen estos dones que las ranitas que prometen éxito, amistad, sabiduría y fertilidad. Porque cuando es necesario sobrevivir poco importa el éxito o la felicidad. Según el psicólogo Abraham Maslow los seres humanos vamos llenando una serie de necesidades que se encuentran de forma escalonada o a modo de pirámide, es decir, para poder suplir unas primero debemos suplir otras, pues llevan un orden, como si se tratase de misiones a desbloquear dentro de un videojuego. La base de esa pirámide la conforma las necesidades fisiológicas (alimentación, respiración, descanso, sexo), posteriormente encontramos las necesidades relacionadas a la seguridad (empleo, salud, propiedad privada, seguridad física), el tercer nivel lo integrarían las necesidades de afiliación (amistad, afecto, intimidad sexual), le seguiría el nivel de reconocimiento (autoconocimiento, confianza, respeto, éxito), y por último se encontraría el nivel de la autorrealización (moralidad, creatividad, espontaneidad). La persona que se encuentra en situaciones de pobreza no mira hacia el éxito, sino a la sobrevivencia. Tal vez por eso las personas compran tantas ranitas de trabajo y salud pero no tantas de éxito, sabiduría y amistad.

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      O tal vez mi lectura es pesimista y en realidad las personas no están interesadas en comprar ranitas que otorgan éxito, amistad, sabiduría, felicidad y fertilidad porque ya poseen esos dones. Después de todo México es uno de las naciones más felices del mundo pese a los problemas de corrupción, inseguridad, violencia, desigualdad y pobreza que experimenta el país. Los mexicanos son “inusualmente felices” desde los ojos de los investigadores, pues pese a las malas condiciones de vida a la hora de colocarlos en una escala de felicidad México se encuentra en el lugar 26 a nivel mundial y en el segundo lugar a nivel latinoamericano. Estas puntuaciones altas en felicidad se deben a los lazos que los mexicanos suelen establecer con otros, así como al buen humor con que se tiende a tomar la vida. Si regresamos a la pirámide de Maslow encontramos que para suplir las necesidades afectivas primero se deben de suplir las necesidades fisiológicas y de seguridad, no obstante en el caso de México este tercer nivel que agrupa lo afectivo parece ser base para soportar las carencias de las otras dos necesidades. Algo similar ocurre con las personas resilientes, para soportar una situación adversa se apoyan en los amigos, la familia, los seres queridos, en resumen. Los mexicanos, ante el mundo, nos hemos caracterizado muchas veces como personas cálidas, amables, cercanas y con buen humor y a la hora de medir la felicidad son justo estas características las que nos posicionan entre los países más felices del mundo, no obstante, si se solucionaran los problemas de seguridad, empleo, desigualdad y pobreza nuestra percepción de felicidad también aumentaría.

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      En un cuento maravilloso tal vez aquellas ranitas podrían llegar a ayudar a su portador, sin embargo, en nuestro caso no basta con que esas ranitas de colores ayuden a quien decida comprarlas, pues en este caso el cuento no se resolverá con el bienestar individual sino con el bienestar colectivo, se necesita pues que aumente el trabajo para todos, así como la salud, el poder (la validez de nuestros derechos y obligaciones),  la fuerza (la voluntad) y el amor, pero en este lado de la realidad no son las ranitas de colores las que pueden dar una solución sino los portadores, no son los buenos deseos sino lo que se haga con ellos.

      Ayer al encontrarme las ranitas de colores me pregunté  ¿Qué es lo que el mundo desea? Ahora me pregunto ¿qué es lo que ello implica?, ¿y que se puede hacer al respecto? Si tú un día te encontrases aquella tienda pero sólo pudieses comprar una ranita para regalar ¿cuál sería?

 

 

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