Crimen en el Cairo (2017) de Tarik Saleh

En Soldados de Salamina de Javier Cercas se desarrolla una poética narrativa que despliega dos historias simultáneas: la historia de Sánchez Mazas y la de Cercas. Ricardo Piglia también propone una poética del cuento que supone una  historia 1 desenvuelta  en primer plano y una historia 2 cifrada. En el filme “Crimen en el Cairo”  son tres las historias que están entretejidas desde el principio: el asesinato de una cantante joven  a causa de la corrupción en el Cairo; los migrantes ilegales que viven a la deriva, al día y a la merced de autoridades malhabidas y las protestas contra el régimen de Hosni Mubarak.

Noredin (Fares Fares) es un Coronel de la policía egipcia en el Cairo. Al comienzo de la película se caracteriza como corrupto,un aprovechado del comercio de la piratería buscando sobornos en los barrios bajos del Cairo.  Con un breve repaso de la cámara por el espacio, el ojo de la lente nos narra que Noredin estuvo casado. Noredin, quien anteriormente parece haber sido —o al menos trataba serlo— honesto, ahora vive sumido en la depresión evadida y junto a su tío Kammal (Yasser  Maher) explotan a comerciantes migrantes.  Cuando Lalena, la cantante tunecina, es asesinada, el Departamento de Policía asigna a Noredin como el responsable de la investigación. A partir de ese momento, comienza a relatarse la inmensa corrupción que carcome a la sociedad egipcia: desde  migrantes ilegales que  se asumen Dandys de mujeres pobres hasta miembros del Parlamento egipcio.  No hay personaje que esté fuera de la esfera corrupta, por lo que Noredin ocupa una escala media en la pirámide. El asesinato de Lalena es ignorado y catalogado como suicidio, sin embargo, Noredin continúa con sus investigaciones a pesar de las presión superior ¿porqué  un policía  corrupto se empeña en resolver un caso aún sabiendo que peleará contra todo el sistema, incluso contra Shaifiq (Halem Semid) el hombre más rico y poderoso de Egipto?

Sus investigaciones le permiten descubrir que existe un negocio muy rentable que consiste en utilizar bellas mujeres, cantantes nómadas, con el fin de seducir a hombres acaudalados e importante: Nagy (Hichem Yacoubi) es un padrote que fotografía a los hombres seducidos dentro de cuartos de hotel; y así los chantajea, ofreciendo las fotografías y negativos a cambio de dinero. Tal modelo de negocio era tan cuantioso que Nagy no midió el terreno, pues Shafiq ordenó asesinar a Lalena. Avanzando en el caso, Noredin conoce a Gina (Hania Amar), otra cantante tunecina  y amiga íntima de Lalena. Con ella, el policía ve una oportunidad de cambiar su vida, aunque sea por tiempo breve, ya que Gina también es asesinada, literalmente, por el estado.  Cuando Shafiq es apresado por Noredin, contra toda posibilidad, estallan las protestas, y el caos es aprovechado para que Shafiq  huya del país bajo la protección de  Kammal.

Salwa (Mari Malek) es una migrante sudanesa que trabaja en el Nile Hilton. Trabaja por una paga diaria desde muy temprano, sin un contrato ni horario fijo, es decir, una trabajadora totalmente desprotegida. Ella presencia el asesinato de Lalena, pero jamás se acerca a la policía a causa del miedo a ser deportada, maltratada, interrogada. No sabe leer y no sabe escribir: es un fantasma, ya que para el sistema no existe. Cuando fue arrestada arbitrariamente durante las protestas, se salvo de la deportación al admitir que ella fue la testigo del asesinato de Lalena. Es mayor su miedo a regresar a Sudán que sufrir todos los recovecos legales y corruptos del sistema de justicia egipcio.  Sin embargo, cerca del final de la película, también es perseguida por el estado, al punto que el mismo sicario que asesinó a Lalena y a Gina casi la mata. Noredin le ofrece una pequeña cantidad de dinero, la lleva hasta la frontera y le dice “corre, aquí no tienes futuro”.

Por último, la historia de las protestas que subrepticiamente se cifran en las dos historias anteriores. El director lo logra mediante la televisión de Noredin, que cada noche ve al llegar a su casa. Todas las televisiones que aparecen en la película muestran imágenes y sonidos distorsionados, porque la mala señal que reciben los aparatos viejos y defectuosos afectan  el discurso. Que por medio de la televisión y la mala señal que reciben es una metáfora acertada sobre el proceso que ahora se conoce como “Primavera Árabe”, metáfora que reconoce los movimientos  civiles como legítimos, pero que en los medios aparecen distorsionados, maltrechos, y cuyas consecuencias hasta hoy son opacas, raras y poco provechosas.

“Crimen en el Cairo” es una película de cine negro que retoma eventos históricos y hechos reales con la firme intención de hacer una crítica a lo que hace 7 años comenzó en los países árabes, en particular en Egipto. Muestra  todo el mecanismo de corrupción que sobrepasó la paciencia de los ciudadanos, un mecanismo que oprime primeramente a las mujeres. En la escena final, la cámara hace una toma landscape de la mega-marcha, enfatizando un mural de Mubarak siendo cubierto con pintura azul, lo que hace alusión a las redes sociales como el detonante de este movimiento democrático, y como plataforma para denunciar los crímenes que de otra manera permanecerían ocultos.

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