No te pierdas “Ana y Bruno”, la cinta más cara en la historia de México

Ana y Bruno, estrenada recientemente en las salas de cine de nuestro país, es la película más cara en la historia del cine mexicano. Dirigida por el multipremiado realizador Carlos Carrera, su presupuesto se calcula en 5.2 millones de dólares que no debieron ser fáciles de amasar. Los agradecimientos a una importante cantidad de colaboradores en los créditos iniciales sugieren que el filme encontró algunos obstáculos para concretarse a lo largo de sus 10 años de producción. El esfuerzo claramente valió la pena: Ana y Bruno es una historia como pocas que se hayan contado antes en el cine nacional, específicamente en el dirigido a una audiencia infantil. 

La cinta sigue las aventuras de Ana, una niña que se hospeda junto con su madre en un hospital psiquiátrico. En el recinto conoce a un pequeño duende llamado Bruno, quien la presenta con un variado elenco de personajes de aspecto estrafalario. El diseño de estos seres combina atributos simpáticos y atemorizantes: a pesar del aspecto cómico de Bruno, observarlo espantar a un pobre paciente genera cierto grado de incomodidad; sensación que va muy ad-hoc con la locura, uno de los temas principales de la cinta.

Aunque la calidad de la animación refleja las fallas esperables de un proyecto que se concluyó hace una década, sus aciertos son notables. El énfasis en las sombras, las expresiones faciales de los personajes y una paleta sombría de colores son atributos que Ana y Bruno comparte con El héroe (1994), cortometraje  por el que Carrera obtuvo la Palma de Oro.

 

Acaso lo que realmente distingue a Ana y Bruno de otras producciones nacionales es su guión. La historia presenta una mezcla perfecta entre acción, comedia y realismo. A pesar de contar con momentos de gran ternura, Ana y Bruno no transmite su mensaje a través de los lentes color de rosa que caracterizan a muchas películas de Disney o Pixar: los conflictos que experimentan sus personajes son expresados en toda la magnitud de su seriedad y consecuencias, lo que nos lleva a dudar en varios momentos de ese final feliz que todos los espectadores tendemos a esperar. Por fortuna, la trama nunca pierde su ritmo cómico, encarnado en chistes que van desde los clásicos pastelazos hasta una que otra alusión dirigida a la audiencia adulta.

Algunas personas han manifestado que Ana y Bruno no se trata de una película para niños; sin embargo, creemos que su clasificación A está bien justificada, pues no cuenta con violencia explícita, uso de drogas o alusiones sexuales, los tres pilares principales que se toman en cuenta para la clasificación de los filmes. Esta percepción obedece más a una asunción errónea que se difunde con frecuencia entre los adultos: la de que los niños no son capaces de entender historias con temas serios como la locura, el duelo y el abandono. Como dice el propio realizador, los niños son tan capaces como los adultos de atisbar las complejidades de la realidad. 

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Imagen: República Cinéfila

La creación de cine de calidad en nuestro país siempre es motivo de orgullo, por lo que no hay que perder la oportunidad de apoyar esta magnífica producción, actualmente proyectándose en la gran mayoría de los cines comerciales.

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