Para no olvidar 50 años de lucha

Este día se cumplen 50 años de la matanza del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas en Tlalelolco. Ya muchos conocemos esta historia devastadora sobre muertos y desapariciones. Un movimiento estudiantil que fue apagado a la luz de más de mil casquillos de arma de fuego y bajo la luz de luna que era lo que alumbraba el lugar donde ahora se encuentra el Centro Cultural Tlatelolco.

Creo que por varias generaciones hemos estado usando un eufemismo para refererirnos a una de las peores matanzas de estudiantes en el mundo, las cosas por su nombre: genocidio se llama ese acto político aberrante. Así deberían estar todas las notas sobre el expresidente y genocida Díaz Ordaz, y también de Luis Echeverría.

Las generaciones que siguieron a este movimiento estudiantil nos dejaron como enseñanza ser más conscientes sobre los acontecimientos sociopolíticos del país, así como no ser indiferentes ante las cosas que suceden a nuestro alrededor cotidianamente; sin embargo, también nos dejaron un pequeño silencio lleno de miedo en el que en las organizaciones estudiantiles y marchas para exigirle al gobierno se toma, como primer medida, el ocultamiento del rostro y, como segunda, correr para evitar ser agarrado por los “puercos”, inclusive de los llamados “grupos de choque”.

Esta nota es para hacer memoria colectiva sobre lo que se puede lograr si como sociedad nos organizamos; y también sirve para denunciar que ante esta organización, el gobierno sólo actua con la violencia. (Esto nos quedó claro 46 años después con la desaparición forzosa de los 43 estudiante normalistas de Ayotzinapa, por ejemplo).

Los medios de comunicación

Éste fue un factor clave para el movimiento, aunque en realidad duró 146 días; después de la noche del 2 de octubre, en las noticias locales y periódicos sólo se habló de un enfretamiento entre el ejército y francotiradores, o entre aquéllos y las “fuerzas oscuras”, es decir, los comunistas. Ningún medio, hasta la fecha, ha dado una cifra exacta de la cantidad de muertos en la plaza, ni de los detenidos y desaparecidos. En cuanto a la televisión, el famoso Jacobo Zabludovsky inició su noticiero con la famosa frase que pasó a la historia: “Hoy fue un día soleado”.

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“México lindo y querido, si muero lejos de ti…”

En ese mismo mes se inauguraró la XIX edición de las Olimpiadas en la capital metropolitana. Para evitar su interrupción, para evitar que algo la “manchara”, el ejército desapareció de las calles, se hizo un recibimiento a los países competidores con un largo tapete de flores rumbo a la plancha del Zócalo, pero el aire estaba enrarecido, la atmósfera se sentía pesada, opresiva, como si los murmullos de los asesinados brotaran de entre las grietas de suelo, de los muros, de la conciencia.

Las mujeres en el movimiento estudiantil

Ellas tuvieron mucha actividad durante las brigadas antes y después de la matanza; ocho mujeres  fueron enviadas a Santa Marta Acatitla como presas políticas. Algunas de ellas se desempeñaban como representantes de Facultades ante el Comité de Huelga. Hoy, cincuenta años después, fuera de la cárcel, ellas recuerdan que aún siendo estudiantes les imputaron cargos y actos que no cometieron y por los que estuvieron injustamente diez años en prisión.

La llamada “Literatura del 68”

Hay un registro de narrativas al respecto en la producción nacional, al igual que poemas, cuentos, crónicas y teatro. Novelas como Crónica de la intervención, de Juan García Ponce; Con Él, conmigo, con nosotros tres, de María Luisa Mendoza; Si muero lejos de ti, de Jorge Aguilar Mora; Palinuro de México, de Fernando del Paso; ¿Por qué no dijiste todo?, de Salvador Castañeda, por mencionar algunas, tratan de representar y explicarse el horror justo después de lo ocurrido, como una necesidad de hacer presente lo que debe ser olvidado y recordado con mesura para no caer en el riesgo de lo que Tzvetan Todorov llamaba Los abusos de la memoria.

Películas y documentales.

Rojo amanecer

 

Verano del 68

Tlatelolco. Las claves de la masacre

El grito

 

Después de cincuenta años este genocidio pesa como si hubiera sido ayer y nos hubiera tocado a todos, y es que este acto digamos que fue la señal, la premonición y advertencia para lo que se avecinaría años después bajo el mandato del PRI y Enrique Peña Nieto: la muerte y desaparción de 43 estudiantes, tráilers llenos de cuerpos envíados a fosas comunes, miles de muertos a causa del nacotráfico, feminicidios, “El Halconazo”, la guardería ABC, y un largo etcétera que nunca debería ser reducido a una cifra o enlistado despolitizante.

Lo más importante de todo esto es no permanecer indiferentes, indistintos, y exigir justicia por su memoria y por nuestras vidas.

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