La tierrita

Usté vera, paisa. Uno cuando abandona su tierra lo deja todo. La familia se vuelve un recuerdo cubierto de polvo que se va olvidando de a poco.

⸺¿Por qué se van entonces?

⸺No se crea, no es tan fácil de explicar. No somos delincuentes, antes las cosas eran más fáciles, en la tierrita y en los yunaites. Ahora la cosa está más canija. A la gente del pueblo no nos quieren, ni aquí ni allá. Figúrese, somos desterrados sin destino, al puro estilo de la diáspora, ¿ves? Las bichitas, las chuiquillas la sufren más que uno, pues. Cuando se viajaba en tren el miedo no era el destino, tampoco los güeros ni los oficiales, lo miran a uno con lástima ¿me entiendes? Ellos ven pasar todos los días a gente como nosotros, con la tez despintada y el cabello cenizo, pero no nos tratan tan mal. Hay otros que nos tratan mal, le decía de las mujercitas, sus madres deben darles pastillas anticonceptivas, ves, para que los fulanos que se aprovechan de ellas no las empanzonen.

⸺¿No sería más fácil trabajar duro en su país, para qué arriesgarse?

⸺No me ha entendido, paisa. Si uno no se va porque quiera, uno se ve obligado a abandonar el suelo que vio caer sus gotas gordas de sudor, aquel que pisamos hasta el cansancio en trabajitos que nos daban muy apenas para comer, ves. A mi bichito me lo amenazaron de muerte, enfrente de su novia, si no se unía a una pandilla lo mataban. A uno lo obligan a irse, ¿mira estas cicatrices? No me pregunte cómo me las hice, no me acuerdo. Eran más de diez los que intentaron matarme para quitarme lo que traía encima, por Diosito que yo no hice nada, mi pecado fue salir de noche con un par de tenis, ves. Quedarse en la tierrita deja de ser una opción cuando el metal frío de un machete cruza de tu frente a los labios en señal de un amenazante tajo. Simplemente te vas, nada puede ser peor, ves.

⸺¿Y por qué estando tan cerca de llegar al cruce piensa en regresar a casa?

⸺Yo me vine para darle una mejor vida a mi María Elena, ves, estaba punto de cumplir catorce. Me decía que al llegar aprendería el inglish mejor que nadie, intentaría colocarse de mesera, de estilista, de cajera, se le daban hartas cosas, ves. Lo que se nos olvidó fue que, en La tierra de todos, nada tiene dueño. Yo estaba dormido cuando pasó, cuando pude abrir los ojos vi cómo la llevaban cargada entre dos hombres fuertes, de pieles tiznadas igual que ella. Mi María Elena cambiaba de dueño, así ya ni pa’ que cruzar, ves.

 

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