Fernando del Paso: la literatura que nos confronta

En un día lluvioso y frío como el de hoy cayó en medio de todos la terrible noticia del fallecimiento de nuestro gran escritor mexicano: Fernando del Paso, a sus 83 años. Galardonado con el premio Xavier Villaurrutia por su primera novela: José Trigo, por su trayectoria con el Alfonso Reyes en el 2014, y  posteriormente con el Miguel de Cervantes en el 2015, entre otros, Del Paso ha legado a la literatura mexicana una enorme (literal y figurativamente hablando) herencia desplegada entre los géneros de la poesía, la novela, la historia, el ensayo, y hasta en la cocina con el recetario que escribió junto con su esposa Socorro.

Nacido en 1935, nunca se cansó de comprometerse con la libertad de la escritura y de la lectura.

          La importancia de un escritor como lo era el mexicano estriba, al menos en términos generales, en su aportación como lector a la hora de escribir novelas. De suerte que una obra tan poderosa como lo es José Trigo, publicada en el 66, nos ofrece una complejidad textual que nos exige mantener un rigor y un conocimiento relativamente amplio tanto de la tradición literaria de México como de parte de la historia de nuestro país. En su momento este mamotreto, festivo y complicado, hilarante y lírico, golpeante y galopante, fue visto por la crítica como una de las labores más complejas que se hubieran realizado con la lengua mexicana hasta entonces. De esta manera, Fernando del Paso, a sus 31 años, quería darse a conocer como un orfebre del idioma, y además, como un autor comprometido con la libertad de lo que puede un sujeto con nuevos usos de la lengua para reinventarse, comunicarse, confrontarse con el otro en términos de solidaridad, de memoria y, sobre todo, de lo que puede generar la colectividad cuando se une sin subsumir las diferencias para enfrentar la violencia que la acicatea y daña y mata y humilla.

Esta portada está basada en parte de una fotografía de Juan Rulfo, amigo y maestro de Del Paso, a quien se la dedicó.

           Con su segunda novela, la divertidísima Palinuro de México, el autor mexicano expresa, con un dominio plástico de las palabras, relaciones incestuosas como la de Palinuro y su prima Estefanía, llena de fulgor sexual y ternura; amistades que impulsan a la imaginación a hiperbolizar el mundo con tal de rebotar entre las propias imágenes como nubes de esponja como las de Palinuro con Fabrizio y Molkas; microcosmos publicitarios en que la inversión de las cosas subvierten el orden del pensamiento racional; hospitales cuyo dolor atraviesa siempre los cuerpos como largas varas de aluminio que penetraran por el sistema nervioso propio; la matanza de los estudiantes del 68 en Tlatelolco; el nacimiento posible que le sigue a la muerte. Con esta obra, publicada por primera vez en España en el 77, Fernando del Paso obtuvo reconocimiento internacional mientras él trabajaba para la BBC de Londres. Como dicen: “Nadie es profeta en su tierra”.

            No obstante, su fama fue refrendada sin discusión alguna con Noticias del Imperio, en la que trabajó durante diez años entre investigación y escritura. Es su obra más conocida por ser, quizá, la menos difícil en cuanto a lectura se refiere, quizá por eso es que se convirtió en un referente del subgénero conocido como “novela histórica”. Si bien aquí los recursos retóricos que había utilizado en las anteriores obras no adquieren un nuevo brillo, cumplen la función de conjugarse coordinadamente con los datos históricos. Es decir, aquí la imaginación literaria se pone al servicio de la historia y ésta al de aquélla para proponer una nueva lectura, siempre crítica, del presente. Aplica muy bien aquí la frase de la historiadora y escritora mexicana Cristina Rivera Garza: “El pasado está a punto de ocurrir”, y Del Paso parece siempre estarnos advirtiendo eso.

Del Paso con su familia.

        Al final, su gran labor como periodista, poeta, dibujante, pintor y cocinero confluyen en una cosa que nos atañe a todos los que lo leemos: el compromiso con uno mismo y los demás que son conmigo; su obra es, en gran medida, eso: una promesa que debemos intentar cumplir siempre por más complicado que sea. Leerlo, discutir con él, reír con él, soñar con él, su escritura, su espectro, su huella, son compromisos del futuro en el que nunca faltará nuestra memoria, personal y colectiva, de su vida.

 

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