La guerra contra la metafísica, el tribunal de la razón y la paz necesaria para el conocimiento futuro en la “Crítica de la razón pura”

Existen dos ediciones de la famosa obra kantiana cuya distancia temporal es de 6 años. La diferencia entre la primera y la segunda es muy evidente en cuanto al contenido argumental de varios apartados del texto, pero también desde su propio inicio: el prólogo.

     En la primera edición, Kant afirmaba que todo el conocimiento que la razón hubiera podido construir sin una revisión rigurosa de sus premisas y consecuencias al tratar temas que la superan por estar fuera de sus propias capacidades, en el pasado, era sólo una gran bola de estupideces, y que, para colmo, el terreno en donde más se enfrascaban los filósofos en batalla campal era el de la metafísica. En la segunda edición, otro prólogo menos beligerante y soberbio fue escrito, pero revisar las metáforas del primero es importante para tener en claro un cambio histórico que nos acompaña aún en nuestros días.

Brevísimo contexto y el “giro copernicano”

Entendamos rápidamente por qué al regio (la traducción al español de la ciudad donde nació, vivió y murió Kant es Monterrey (Königsberg, literalmente: Monte del rey)) le apremiaba la tarea, que él mismo se echó a los hombros, de acabar con las disputas que suscitaban la ontología y la metafísica. En el siglo XVIII surge el periodo conocido como Ilustración, cuyo emblema sería la Revolución francesa. De entre la ingente cantidad de cosas que cambiaron durante este periodo, una de las que a Kant le llamó mucho la atención fue el avance progresivo del conocimiento científico, por lo que él mismo se preguntó si no era posible que la filosofía, y sobre todo, la metafísica, alcanzara el estatuto de ciencia. Al pensar que sí lo era, Kant la denominó filosofía trascendental.

Sus biógrafos lo ponen como un dechado de generosidad, neurosis y rigor.

    De esta manera, el filósofo alemán se propuso desarrollar un sistema que revolucionara, literalmente, las epistemologías anteriores a él, es decir, quiso acabar con las teorías del conocimiento que sólo estorbaban al progreso de la razón, y con sus herramientas lógico-formales, para establecer las bases necesarias “únicas” en pro de la construcción de un edificio del conocimiento sólido sin temor a imperfección alguna. La forma de lograrlo era mediante el denominado “giro copernicano”: el sujeto debe tomarse a sí mismo como el único elaborador de las condiciones invariables que le ocurren a los fenómenos que percibe, o dicho de otra manera, el conocimiento se centra meramente en lo que puede conocer el sujeto, desplazando cualquier otro elemento que no fuera la razón y la subjetividad del ser humano.

Desplazar el mundo, colocar el sol en el centro.

La supremacía de la razón pura en la modernidad y sus alcances

La razón, para Kant, es la facultad que extrae del entendimiento y la sensibilidad las consecuencias abstractas pertinentes para elaborar los principios de todo conocimiento posible, en este sentido la razón pura o especulativa es la frontera entre lo necesario cognoscible dentro de la capacidad humana y las ilusiones que cree posible conocer: Dios (teología), el universo (cosmología) y sí mismo (psicología y ontología). Por lo tanto, Kant decide utilizar la metáfora del “tribunal de la razón” para dejar en claro quién es la máxima autoridad para juzgar qué sí es digno de utilidad y qué no lo es; a su vez, vuelve obvia la pretensión de “legalidad”, en términos universales, de lo que es beneficioso para todo conocimiento humano.

Kant, al estallar la Revolución, pensó que su filosofía expresaba parte de esta nueva era de la razón.

     ¿Pero qué significa el conocimiento para Kant?, ¿cuáles son sus límites? Por un lado, es la conciencia rigurosa de todas las condiciones y operaciones de la sensibilidad, del entendimiento y de la razón en las que es posible cualquier conocimiento; y por el otro, el examen agudo de todo fenómeno que se encuentra en las esferas de la subjetividad. O para dejarlo de manera más clara: las facultades mencionadas (sensibilidad, entendimiento y razón) son la forma, y los fenómenos son su contenido. Para evitar errores en la elaboración discursiva sobre lo que se conoce, hay que saber hasta dónde y cómo están delimitadas las facultades-forma para saber conocer los fenómenos-fondo.

     En este punto, Kant reconoce que la razón, al enseñorearse con el poder que tiene, siempre pretende sobrepasar sus límites, pero al mismo tiempo sabe que es obligatorio frenar sus aires de grandeza: que suponga objetos fuera de su capacidad (Dios, cosmos, alma, la cosa en sí) no le da derecho de hablar de ellos como si los conociera. Esto es importante para Kant: sin límites no es posible la unidad del conocimiento, y por ende, su totalidad.

Cubierta de la primera edición de la Crítica de la razón pura

      Pongámoslo de la siguiente manera: la Crítica de la razón pura es la obra que, al señalar y corregir las faltas de todos los sistemas filosóficos anteriores a ella, “acaba” con la metafísica, y ésta, al ser derrotada por la razón, debe pasar por un proceso para ser juzgada, condenada y reformada; y no sólo ella, sino todo conocimiento creado a partir de ese punto de inflexión y para cualquiera en el futuro. Gracias a esta victoria, según su autor, sobreviene un periodo de paz. En dicho periodo ya sólo los filósofos se dedicarán a elaborar algunas reglas para el comportamiento en sociedad y entre los países que asegurarán la felicidad de la raza humana, es decir, la llamada razón práctica seguirá el dictamen de la razón pura para alcanzar el fin de la filosofía y la historia, pues todo será unidad armónica entre conocimiento y moral.

Las consecuencias del sistema kantiano

Llegado hasta este punto es fácil advertir un tufo de mesianismo en la visión del filósofo de Königsberg. Casi podemos oír a Kant decir: “Yo les traje la solución a sus problemas pasados, presentes y hasta futuros; yo les he traído la paz para la corrección de sus errores”.

    No es exagerado decir que Kant sí revolucionó la filosofía y que cambió el curso de su historia. Él es la consolidación de la filosofía moderna, y una de las expresiones racionales más importantes de la modernidad. Pero ocurre algo que es triste e irónico a la vez durante los últimos años de vida del filósofo: surge el conocido “idealismo alemán”, cuyos máximos exponentes son Fichte, Hegel y Schelling. Estos jóvenes conocían la obra de su maestro pero no estaban de acuerdo con él, ya que veían una gran insuficiencia: la subjetividad kantiana estaba sola en el mundo con su conocimiento, no había organicidad con el resto de la existencia, por lo que su filósofo más querido (y admirado por todos los alemanes románticos tanto en la literatura como en la filosofía) fue Baruch Spinoza, porque en él reconocían dicha ansiedad de infinito vinculada con el universo. Sólo que la gran diferencia entre ellos y Spinoza es que el Yo se vuelve la conexión necesaria fundamental, mientras que para el holandés no.

Fichte, Schelling y Hegel, conocidos como “las tres cabezas de Cancerbero”, es decir, del “idealismo alemán”, por casi inentendibles.

Immanuel Kant había trabajado muchísimo para desarrollar un sistema que fuera la principal herramienta que utilizaran sus discípulos (Fichte tomó clases con él), pero no fue así. Antes de morir intentó entender lo que los idealistas estaban escribiendo pero no podía, a la avanzada edad de 75 años, salirse de los muros que él mismo había construido con tanto esfuerzo. La exigencia inhumana de su razón práctica (el famoso imperativo categórico), la soledad de la subjetividad de la razón pura (nadie puede conocer a Dios, nadie puede conocer el cosmos, nadie puede conocerse a sí mismo) y la subordinación de la sensibilidad (ya no digamos las pasiones, que no generan conocimiento) a la rectitud de la razón fueron motivos suficientes para que la ironía de la historia le diera un lugar diferente del que él buscó con tanto ahínco y voluntad.

Lápida de Kant. La inscripción es una de las más bellas posibles.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s