Gaspar Noé: “Climax” o de la potencia colectiva

Esta última cinta del director argentino trata un tema que anteriormente no había explorado con la maestría con la que lo hizo ahora: la colectividad.
Anteriormente habíamos dedicado una serie de notas a la filmografía de Noé en las que se habló, sobre todo, de lo que la violencia puede lograr en las relaciones interpersonales en la contemporaneidad. Dicha violencia tomaba la forma del caos e hilvanaba una continuidad en todos sus filmes, configurando una serie de técnicas narrativas que caracterizan el trabajo de este cineasta.
Esas técnicas (la inserción de los créditos al inicio de la película, de frases que irrumpen con las secuencias, el uso de la imagen invertida) son retomadas, junto con el caos, para explorar la potencia colectiva de un grupo de bailarines en el año de 1996.
A Noé no le interesa mostrar los hechos “tal y como fueron”, le interesa expresar el continuum que un grupo de personas puede realizar por un bien comunitario como lo es en este caso: los bailarines ensayan una magnífica coreografía que implica la armonización y esfuerzo por llevar a cabo un proyecto de vida común que acaba en delirio, violencia, odio y muerte.

Drogas, sexo, música y alcohol son los potenciadores que moldean el trato de los bailarines entre sí. Pero también hay que tomar en cuenta que estos potenciadores pueden sacar lo peor de la gente (o lo mejor también).
La película, en este sentido, engloba los temas que su creador había reconfigurado y explorado, pero, como el genio que es, lleva sus límites (si es que los hay) a una nueva dimensión de la que, como espectadores, no podemos escapar ni podemos obviar. Es decir, el largometraje nos golpea todo el tiempo tanto con las pasiones de los bailarines como con las nuestras reflejadas en ellos, sea con las técnicas que usa Noé con la cámara, sea con los planos-secuencia de 20 minutos, sea con el color rojo y blanco (importantes detalles en la filmografía noesiana), o con la música de los 90 que late al ritmo agitado de nuestros corazones.

Si no has ido aún a ver esta gran película (de la que podría decirse que es una summa de lo que Gaspar Noé ha trabajado hasta ahora, corre a verla lo más pronto posible. Te aseguramos que puedes salir alterado, confundido o contento. O peor todavía: a nada de desbordar tus pasiones en colectivo (eso depende de ti).

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