“Chicuarotes” ¿Una película más o una crítica social que vale la pena ver?


Chicuarotes es la segunda película bajo la dirección de Gael García Bernal y la crítica no ha sido muy amable con ella, ¿quieres saber por qué?


Primero lo primero: ¿de qué se trata?

Chicuarotes nos cuenta la historia del Cagalera (Benny Emmanuel) y el Moloteco (Gabriel Carbajal), dos jóvenes habitantes de San Gregorio Atlapulco (pueblo perteneciente a la alcaldía Xochimilco) que, buscando cambiar su realidad y aspirando a un mejor futuro económico, tomarán decisiones equivocadas. Su camino será estrepitoso y, como una bola de nieve que rueda y se hace más grande, cada acto será mayor en gravedad y consecuencia.

Aborda diferentes problemáticas sociales como la violencia intrafamiliar, la desigualdad en oportunidades y hasta la justicia por propia mano, sin embargo, el problema fundamental se centra en la juventud de la clase baja y los problemas a los que se enfrenta ésta en una realidad como la mexicana.

¿Por qué la dureza?

El argumento fundamental es que simplemente es más de lo mismo, una película que refleja la realidad más cruda de la sociedad mexicana y que demuestra lo duro de esa vida, temas que habían sido los predilectos en el cine mexicano de inicios del nuevo milenio, como Amores perros o De la calle e inclusive de más atrás, como la obra maestra de Buñuel Los olvidados.

Con lo anterior, se le critica la historia, aduciendo que no está al nivel de los filmes con los que se la compara; que el guión, por momentos, es un poco absurdo y que deja algunos hilos sueltos; y, finalmente, que en el trabajo de dirección Gael García sigue sin demostrar todo el potencial que tiene.

Entonces ¿vale la pena ir a verla?

Definitivamente sí, porque, pese a que la historia y la dirección no son las mejores, la cinta no es como la pintan, pues es entretenida, muy graciosa por momentos y bastante dura en otros.

Lo que más vale resaltar es la intención retratar y hacer evidente una problemática social muchas veces ignorada: la desigualdad de oportunidades para la juventud mexicana.

Ana Karen García, del periódico El economista, escribe una nota muy interesante al respecto de la película, enfocándose en cifras y datos reales:

En los centros penitenciarios de la Ciudad de México 3 de cada 10 reclusos son jóvenes que no tienen más de 29 años y 7 de cada 10 tienen sólo primaria y/o secundaria terminada. Durante su infancia y adolescencia 4 de cada 10 presos vivieron en un hogar homoparental o incluso sin padres. Y, aunque la mayoría de los reclusos jóvenes de la Ciudad de México no registran grados de pobreza extrema, más de la mitad creció en las periferias de la capital con problemáticas en la disponibilidad de servicios públicos, infraestructura vial y telecomunicaciones.

(La nota se llama A propósito de Chicuarotes, este es el perfil de los reclusos adolescentes en la CDMX, sólo dale click para leerla, vale mucho la pena).

¿Lo sabían? Sin duda son números que sorprenden y no son fáciles de asimilar. Y es que justo como dijo Gael García: “(Chicuarotes) no ofrece respuestas, pero genera muchas interrogantes”, su labor es la de ilustrar la realidad, ponerla de frente.

Otro punto a su favor son las actuaciones, pues se brindó la oportunidad de participar a rostros poco conocidos como la Sugheili (Leidi Gutiérrez) y Víctor (Pedro Joaquín), que al lado de los protagonistas, hacen un excelente trabajo.


Sin dudas, “Chicuarotes” es una película que no te debes perder y aquí en Morbífica esperamos ansiosos tu opinión.

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